¿Es real la realidad?

Los realitys están siendo un buen ejemplo de cómo se construye la realidad en el espacio público para los televidentes y los no televidentes que igual terminan preguntando ¿quién es Pamela Díaz?La gracia de este hecho es que , finalmente, los medios de comunicación crean una realidad que muchas veces termina siendo "la realidad" para las audiencias. Es cosa de acordarse cuando la "gente" quería a Don Francisco como Presidente de la República. Esta columna de Pablo Halpern aparecida en Revista El Sábado trata este hecho. A su juicio los medios manipulan la realidad. Lo más interesante de la columna es el primer y último párrafo. Para tenerlo en cuenta.

Manipulación

Sábado 14 de mayo de 2005 Revista El Sábado El Mercurio Una imagen vale más que mil palabras. Pero ¿qué pasa si la imagen está sacada de contexto?

Pablo Halpern

Casi siempre pensamos que lo que vemos por televisión es la realidad tal cual. Pero me temo que no siempre es así. El martes 26 de abril el diario Las Últimas Noticias publicó una crónica que el resto de los medios optaron por ignorar. A mí aún no deja de darme vueltas. Arturo Longton, uno de los finalistas del reality "La Granja" de Canal 13, relató cómo su imagen habría sido manipulada por la producción del programa con el propósito de hacerlo aparecer como un flojo: "Me empecé a dar cuenta que cuando barría y hacia el aseo nunca había cámaras grabándome. Pero bastaba que me fuera a tomar el sol para que llegaran 10 camarógrafos", señaló Longton al diario. Por esos mismos días, muy lejos de la granja-estudio, en Estados Unidos, dos ex participantes de The Apprentice, el reality norteamericano en que un grupo de profesionales jóvenes se disputan un contrato de trabajo en una de las empresas del magnate inmobiliario Donald Trump, se quejaban en la revista Fast Company de lo mismo: "Me proyectaron como una idiota porque Donald Trump decidió sacarme de la competencia", dijo Kristen Kirchner. "Todas las cosas inteligentes que yo hacía no salían en el programa. Mis logros profesionales son una prueba indesmentible que yo soy más capaz que lo que la edición de The Apprentice quiso mostrar", declaró Elizabeth Jarosz, otra participante desilusionada.

Nadie que conozca por dentro este controvertido género televisivo podría sorprenderse con estas declaraciones. Finalmente, los realities se arman a partir de una situación forzada (una convivencia obligada, por ejemplo) que es intervenida para producir drama donde no necesariamente existe. Pero lo que esto muestra de una manera brutal es la potencia que tienen los medios para manejar a su entero arbitrio las percepciones de la gente. Las imágenes poco edificantes y sesgadas del Perú actual proyectadas en las pantallas de los vuelos de Lan Perú (hombre orinando frente a una casa, calles llenas de basura y vehículos destartalados), y que tanto revuelo han causado entre los peruanos, son otro ejemplo de lo equívoco que puede ser lo que muestran las pantallas. Quien crea que esta manipulación sólo tiene lugar en los reality shows o en videos "promocionales" de alguna empresa transnacional, se equivoca. Mi experiencia como personaje, digamos, semiconocido, demuestra lo contrario. El día que me retiré del gobierno de Eduardo Frei en 1998, me llamó la atención una nota que hizo un noticiario acerca de mi salida. La información era acompañada con una escena en que yo me veía asediado por reporteros en uno de los patios de La Moneda. Sin embargo, ese momento había sido captado más de cuatro años antes de mi renuncia, a propósito del despido de unos veinte funcionarios de la repartición que yo dirigía y que, dicho sea de paso, no habrían entrado jamás en la pauta noticiosa si no se hubiese tratado de periodistas, a partir de ese momento, desempleados. El imperativo de la televisión de presentar con cierto drama visual mi despedida que, en la realidad, de drama tuvo bastante poco, llevó a algún editor a recurrir a una añosa imagen de archivo que les fue presentada a los televidentes como parte del "ánimo" que habría rodeado el fin de mi servicio público.

La prensa escrita también suele aderezar las historias cambiando su real sentido para hacerlas más atractivas a sus lectores. Con motivo de mi asistencia al primer debate entre Michelle Bachelet y Soledad Alvear, ubicado yo en el sector de la sala especialmente dispuesto para los adherentes de Bachelet, tres diarios interpretaron a su antojo mi presencia. Escribieron como dando por supuesto que yo era un militante de la Democracia Cristiana y me había dado vuelta la chaqueta al adherir a una candidata de un partido distinto al mío. Los tres periódicos que leí ese fin de semana hacían referencia a mi cercanía con Eduardo Frei y a mi trabajo en su gobierno como evidencia de mi voltereta. Pero los tres prefirieron omitir mi irrenunciable condición de independiente y mi endémica, conocida, y total autonomía respecto de todo lo que huela a partido político. Pero claramente haber consignado esta realidad hacía de estas crónicas algo poco noticioso o derechamente fome.

Si uno es optimista podría suponer que estos hechos son aislados y que, por lo general, la televisión y la prensa rara vez descontextualizan los hechos. El problema es que los medios tienen sus propias reglas. Es noticia, tal como se enseña en las escuelas de periodismo, "hombre muerde a perro", pero no a la inversa. Y en televisión, "las imágenes valen más que mil palabras". Si se quiere capturar la atención de la gente es mejor que lo que se muestra sea difícil de ignorar, aunque haya que recurrir a archivos, lentes que deforman, o planos que dramatizan lo que no lo es. O quizás la realidad no exista y deberíamos conformarnos con la versión que de ella nos dan algunos medios.