Medios, audiencias y poder

Para Cristóbal Marín, director de la escuela de Sociología de la UDP, los políticos no quieren a los medios de comunicación porque los expone al juicio público.Quizás esa sea la razón por la que los políticos terminan comprando medios de comunicación o quieren ser parte de ellos, en el caso de TVN. Una entrevista publicada el domingo recién pasado en La Nación Domingo.

Entrevista a Cristóbal Marín, director Sociología UDP “El modelo de empate de TVN no funciona" Miguel Paz La Nación, Domingo 29 de Mayo de 2005

La renuncia de la jefa de prensa del canal público, Verónica López, reinstaló el debate sobre el alma de la TV. “Ser una industria que se mueve por el público o por los deseos de la elite”, dice este sociólogo experto en audiencias. Asegura que la clase política “está perpleja” con los cambios de la sociedad y critica a los periodistas por no oír a los espectadores y preferir una “mala alianza” con los políticos, poniendo así en duda su credibilidad. ¡Qué mala noticia!

Dicen que la primera víctima en la guerra es la verdad. ¿Sucede lo mismo con la prensa televisiva en año electoral?

-Evidentemente se pone pesada la pista para cualquier departamento de prensa. Piñera en Chilevisión, por ejemplo, tiene que cuidar al máximo el capital de confianza que ha ganado la estación estos años, y él, siendo el dueño y candidato a la Presidencia, queda súper frágil. TVN también tiene que cuidar su capital comunicacional, que con los últimos episodios ha tenido mellas. Canal 13, lo mismo. Para qué decir Megavisión, que es un caso aparte.

-¿Puede que en Chilevisión sean más papistas que el Papa con la cobertura de la campaña de Piñera, por miedo a perder credibilidad?

-Ese es otro peligro. Es súper delicada la cuestión de la confianza. Pero Piñera ha entendido bien que esta es una industria que se mueve por un mercado de público y que no puede alterar nada de eso. Si lo hace se le puede venir abajo el negocio entero.

-La clase política pide a gritos igualdad de minutos en pantalla para sus candidatos. ¿Eso es entender la lógica de la TV actual?

-No comprenden lo que está pasando en la industria de medios. Menos en la industria televisiva. Están perplejos. Están molestos con los medios porque quedan muy expuestos, incluso su vida privada. No entienden que este es un nuevo escenario para la democracia, donde el poder se hace mucho más visible que antes. Y sacan leyes de protección de la intimidad, como la que todavía está en el Senado, y reinterpretan la ley de acceso a la información haciéndola más restrictiva.

-La salida de Verónica López, entre otros factores, se debe a su desdén por el cuoteo de minutos de candidatos en pantalla. ¿Hasta cuándo se sostiene el modelo del empate en TVN?

-Ese modelo no funciona. Los medios son industrias que se deben al público. Y si la clase política está tan distanciada de las audiencias, por supuesto que no va a funcionar el minutaje. La política, hoy, incluye nuevos temas que la televisión ha tratado de incorporar en su agenda, pero la clase política considera que eso es trivializar el debate, farandulizarlo. No entendiendo que a los públicos masivos les interesa hablar, entender y tener información de temas relacionados con la vida cotidiana.

-¿También tiene que ver con la resistencia de los personajes públicos a entenderse como tales?

-En Chile, el móvil límite entre lo público y lo privado cambió. Temas que antes eran del espacio privado, como la intimidad, están convirtiéndose en discusión pública, como el caso de la homosexualidad, por ejemplo, y los medios han contribuido a que se genere debate y discusión sobre esos temas. La clase política todavía no se conecta bien con eso, cree que la política sigue siendo de partido, vinculada a ideología y al Estado. Los periodistas tampoco han sido muy sensibles. Lo vimos en el debate presidencial. La mayoría de las preguntas se referían al mundo de las elites, sin conectarse con los públicos más masivos, que es hacia donde la televisión debiese apuntar fuertemente.

-Ha habido intentos. El éxito de Kiko García en Canal 13 se debió a su conexión con las audiencias, en el área de entretenimiento como en prensa, y el resultado fue un cisma en la estación católica.

-Pero eso fue porque el Canal 13 es de la Universidad Católica. Es un canal en permanente tensión entre aceptar una televisión de público masivo, en una sociedad crecientemente plural, y conservar su doctrina católica. Es una tensión imposible de resolver.

-Se da en TVN igualmente.

-TVN lo ha solucionado un poco mejor. Sin embargo, todavía no resuelve sus contradicciones internas. No resolver ese punto, que se refleja en detalles como los que me dices del minutaje y en presiones de la clase política, puede terminar matando ese modelo de televisión pública.

MALDITOS PERIODISTILLOS

-Puede ser que la TV chilena sea el reflejo hipersensible de una transición política que prefiere mantener el statu quo.

-Cuesta mucho romper con eso. La televisión se mueve por la publicidad, y los avisadores no han tenido la lucidez para entender que esta es una industria de público y que tienen que estar dispuestos, como en el “New York Times”, a que si a los autos marca Ford se le revientan los neumáticos, hay un deber de informar y no por eso Ford va a quitar la publicidad.

En Chile hay bastante investigación a los poderes político, religioso y de las elites. En cambio, el poder económico es mucho más difícil. Están empezando a haber casos, como el de los supermercados y las carnes y quesos podridos, o el tabaco, pero es un desafío. La industria de medios debe estar a la altura porque los públicos quieren que el conflicto esté sobre la mesa. Hay estudios que lo confirman.

-¿La televisión como la nueva plaza pública?

-Podría ser, sí. Ricardo Lagos lo ha entendido y le ha ido muy bien con eso, porque logra equilibrar la discusión de problemas más vinculados a la elite -que en sociedades complejas como ésta es necesario-, con una discusión de temas de política cotidiana, tan válidos como los otros.

-Christian Fuenzalida escribió en LND de la semana pasada respecto a la relación incestuosa entre la televisión y la prensa escrita. Una habla de la otra y viceversa. ¿Qué análisis haces de eso?

-Eso no sería tan importante si el diálogo entre la prensa y la televisión estuviese sintonizado con los intereses masivos. Yo hablo de autorreferencia, porque los periodistas han estado acostumbrados a definir qué es noticia a partir de lo que a las elites les interesa. Esto que hizo LUN, más allá de algunos problemas, de definir la noticia según lo que el público quiere, a muchas escuelas de periodismo les pareció espantoso, pero tiene que incorporarse.

-Es parte de los cambios del país que a muchos grupos se les hace difícil asimilar.

-Pero también a los periodistas.

-Vale. Entonces asumamos que la tele opera como elemento desinformador, porque la pauta informativa se realiza en torno a la cuña y esa cuña está determinada por los intereses de elite.

-Depende, hay veces que no, hay veces que la cuña sintoniza mucho con intereses de las grandes audiencias.

-Pero hay otras ocasiones, como en el caso de los candidatos presidenciales, que están secuestrados por sus asesores comunicacionales, y los vemos lanzando frases edulcoradas difíciles de creer.

-Es que los asesores comunicacionales están muy confundidos. Creen que hay fórmulas aplicables a cualquier situación y en cualquier momento. Lo que pasó con Lavín es paradigmático. Cuando se convirtió en una fórmula la gente empezó a perder confianza en él y perdió todo su capital comunicacional. Una fórmula no sirve como creen los asesores comunicacionales. Ahí pasa lo que tú estás diciendo.

EL GOLPE EN LA MESA

-Volvamos a TVN. Verónica López sale también por críticas a su interés por temas cotidianos y de magazine.

-La sociedad chilena ha cambiado en 180 grados. Los medios y la televisión han tenido alguna sintonía con eso y ha sido interesante. De hecho, una de las últimas transformaciones en Chile tiene que ver con la intimidad, el amor, el sexo, y los medios han intentado ahondar en estos asuntos, con mucha crítica por parte de las elites, porque esas transformaciones sociales, de una u otra forma, afectan las libertades individuales. La píldora del día después, los matrimonios homosexuales o la tuición de los hijos por la madre lesbiana no son temas privados. Son públicos. Por lo tanto, los medios tienen que hacerse cargo, por mucho que a las elites les moleste.

-¿El éxito de las series y programas de ficción y entretenimiento se debe a que captan lo que está pasando?

-Es que se han acercado mucho más a los cambios del país. “Machos”, incluso “La granja” o “Los treinta”, y los programas más intermedios, tipo “Hola, Andrea” o “Pasiones”, o de conversación no necesariamente políticos en el sentido tradicional de la palabra, pero donde sí hay conflictos y problemas que a los chilenos les interesan, se han acercado bastante a este nuevo Chile. En cuanto a la prensa, el 13 se atrevió con sus microrreportajes, a TVN todavía le falta pero podría hacerlo perfectamente. Tiene otro tipo de programas, como “Informe especial”, que se ha atrevido con eso, o el mismo Pavlovic con lo de Antuco recién, donde incorpora otra forma de acercarse a las audiencias, más narrativa y de conexión con la vida cotidiana.

-“Reporteros” ha sido premiado por el people meter y se relaciona a lo que dices; por otro lado, la nota de Pavlovic en Antuco te hace llorar. Ambos han sido sumamente criticados.

-Sí, pero por la clase política y las escuelas de periodismo tradicionales. Lo mismo le sucede a LUN, o a ustedes. Se produce una mala alianza entre la clase política y el mundo periodístico, de mirar en menos esto, como que “no es noticia”, a partir de criterios que no sé de dónde los sacan. La clase política, obviamente, los saca porque no se ha renovado y quiere seguir siendo cubierta como la cubrían antes. Por eso valora como diario principal a “La Segunda”.

-Vamos al Passapoga pero no es tema ¿Ésa es la contradicción?

-Ésa y la fragilidad de hacer visible el poder. La clase política ha sobrerreaccionado a una cosa que es inevitable, que es que sean escrutados por los medios de comunicación permanentemente.

-¿Se puede llegar a esos estándares?

-Yo creo que sí. Siempre están los poderes fácticos, pero cada vez es más difícil legitimar el golpe en la mesa. En parte, porque la sociedad chilena es mucho más plural y diversa, está más dispuesta a enfrentar los conflictos, y es mucho más crítica de las elites. A éstas ya no les sale tan fácil mantener y legitimar su poder. Por otro lado, los medios cada vez se están convirtiendo más en industrias que tienen que velar por sus públicos.

-Pero TVN pierde director de prensa como quien se cambia los zapatos. Para qué vamos a hablar de cómo andamos por casa. En Canal 13 salen disparados directores, periodistas y ejecutivos cada vez que se intenta un giro.

-Porque estamos en el corazón de la política moderna, que tiene que ver con una esfera pública mediatizada, donde los medios tienen un poder muy importante en términos de generar y establecer agendas de discusión y a poner siempre en riesgo al poder.

Entonces, es un lugar muy sensible, de mucha disputa política y con modelos muy complicados de propiedad, como lo es La Nación, TVN, o Canal 13, o como es Megavisión. Pero esos modelos de propiedad no deberían afectar tanto los contenidos de los medios, en la medida en que éstos se comporten como las industrias que son. Cuando un medio o un rostro de televisión logra establecer confianza, cualquier veto afecta la credibilidad de ese medio, que a fin de cuentas es el capital más importante. LND