Encuestas y sensaciones

17 de junio, 2005Encuestas y sensaciones Arturo Arriagada Estudiante Sociología Universidad Diego Portales

Al parecer la fórmula perfecta para levantar una candidatura política está compuesta por tres factores: tener una empresa de encuestas, agregarle una buena relación con un medio de comunicación o incluso ser propietario de alguno y, por último, montar una fundación o think tank para difundir ideas.

Bajo este escenario, no hay que perder de vista los filtros que aplican los medios de comunicación para presentar la información que los candidatos generan, filtros que orientan, integran y reafirman ciertos mensajes de los candidatos como la posición política de los propios medios.

El problema de este proceso es que la relación política, encuestas y medios de comunicación puede provocar más desafección de la existente en la participación política de los ciudadanos por dos razones: por desconfiar cada vez más en las encuestas de opinión y porque a los medios se les puede dar vuelta el escenario si se investiga la relación entre empresas de encuestas, propietarios de diarios y canales de televisión junto a la participación política que éstos pueden tener en partidos, congreso o municipios.

Las noticias que han generado las distintas encuestas realizadas por Time Research, Benchmark y las que quedaron sólo en reuniones de fin de semana como la de Adimark, son un reflejo de un buen negocio y de tangibles dividendos mediáticos que los candidatos pueden sacar de sus resultados. Hay intención al lanzar dichas encuestas, dirigidas esencialmente a construir noticia y posicionar ciertas “sensaciones” en los medios. Por ejemplo, Lavín lanzaba su campaña un día después de que se dieran a conocer ambos estudios.

Si los medios de comunicación son filtros que enmarcan cierta información de acuerdo a la posición política que representan, el proceso puede ser bastante influyente en la opinión pública o audiencias-votantes. Desde un punto de vista positivo y a favor de la clase política, este proceso permite enfocar las candidaturas a los segmentos de la población que están más sensibles a dichas informaciones construidas por los medios. Pensando en el lado negativo, se puede generar un distanciamiento de la audiencia-votante hacia la clase política, por comprender la forma en que se constituyen los procesos políticos.

La sensación de seudo participación que promueve esta mezcla de medios, políticos y encuestas en las audiencias-votantes puede ser un arma de doble filo para los candidatos que quieren lograr ganar la elección el 11 de diciembre. Las elecciones se ganan con votos, pero también construyendo un clima de confianza cuyo resultado se verá reflejado en las encuestas, pero cuando surgen empresas que las realizan y manipulan sus resultados para posicionar ciertos temas en los medios de comunicación, es un proceso peligroso, especialmente cuando se quiere apuntar al voto de los indecisos, pensando en que ellos se suman a la mayoría que las encuestas representan.

En las municipales del 2004 ocurrió algo distinto a lo descrito anteriormente. Las encuestas realizadas por empresas ligadas a la derecha, generaron en el ambiente un clima de triunfo que derivó en una amarga derrota para ésta y reflejó lo poco responsables que pueden llegar a ser los medios de comunicación al dar a conocer cifras y filtrar datos que no concuerdan con la realidad de un escenario electoral.

Las encuestas pueden estar de moda, pero esto no debe significar que haya poca responsabilidad en su desarrollo, como tampoco un trabajo desinformado de parte de los medios de comunicación, que no filtran ajenos a sus propios intereses la información que puede construir escenarios contradictorios, especialmente en una época donde la incertidumbre no es un bien preciado.