Chile Invisible

La gente siempre se quiere ver en los medios de comunicación. Eso es lo que está pasando todos los días, es cosa de ver LUN en los kioskos. En este escenario, la última encuesta del Consejo Nacional de Televisión responde a la necesidad que tienen las personas por verse en la pantalla. Quizás los famosos y los políticos tengan que salir a tomar aire por un rato de la cajita televisiva, para darle cabida a los chilenos comunes y corrientes que quizás tienen historias más atractivas que contar y que puedan aportar para hacer de Chile un país más justo y con mejores oportunidades. ¿Idealista? Si los medios interpretaran un poco mejor el rating, la cosa puede cambiar. Esta columna de Cristóbal Marín publicada ayer en El Mercurio relata este fenómeno. Chile invisible Domingo 19 de junio de 2005 CRISTÓBAL MARÍN Director Escuela Sociología Universidad Diego Portales

La tragedia de Antuco y el reciente terremoto en Iquique dejan al descubierto un Chile olvidado. Imágenes de padres y madres en un gimnasio, desesperados por saber de sus hijos en la montaña, sin que nadie los tome en cuenta, salvo una cámara de televisión a la que le expresaban todo su dolor e impotencia. "Hacen como que no nos ven", decía uno de ellos. Imágenes de familias devastadas velando en estrechas habitaciones a alguno de los jóvenes conscriptos congelados. Imágenes de personas que perdieron sus casas y cuidan sus últimas pertenencias como hueso santo ("hay que estar ojo al charqui para que no te roben", señalaba Ronald, de Pozo Almonte).

El impacto que han producido estas imágenes no tiene que ver sólo con la espectacularidad de los eventos, sino también con una dimensión de la democracia que en el país ha pasado un tanto inadvertida: el reconocimiento a las diversas formas de vida que nos constituyen como sociedad. Es en el espacio público mediatizado, particularmente en la televisión, donde las distintas realidades pueden hacerse visibles y ganar el reconocimiento de otros, transformándose así en verdaderas.

El género televisivo más relevante para ello continúa siendo el noticiario. Como muestra la encuesta del Consejo Nacional de TV dada a conocer hace algunos días, los noticiarios siguen siendo el género más visto (83% de los chilenos dice verlos entre 5 y 7 días a la semana) y mejor evaluado (72% les pone nota 6 y 7).

Sin embargo, a los departamentos de prensa de nuestra televisión les ha costado mucho incorporar y reconocer las diversas formas de experiencia de los chilenos. Aún están atrapados en sus dos vicios de origen: definir la noticia a partir de supuestos criterios periodísticos aprendidos en un manual y no desde los intereses y necesidades de los públicos masivos, y reflejar las percepciones y el lenguaje de la clase media ilustrada.

Quizás en parte es por ello que en la encuesta del CNTV los sectores más pobres bajan sus niveles de satisfacción con la TV abierta y evalúan más negativamente que antes los noticiarios (e incluso las telenovelas). A su vez, sienten que no están representados en la pantalla y que se muestran como peor de lo que son. En cambio, los segmentos más altos mejoran significativamente su evaluación de los noticiarios y el aumento de insatisfacción con la TV es proporcionalmente mucho menor.

Sin embargo, los canales han hecho algunos esfuerzos. Teletrece con su sección Reporteros, que intenta incorporar los problemas cotidianos de diversos grupos sociales, avanzó en la dirección correcta, obteniendo una buena respuesta de los públicos. Pese a ello, UC-TV, por ser un canal que pertenece a la jerarquía católica, tiene límites estructurales que hacen muy difícil que como sociedad nos veamos en el 13.

Pero tampoco nos vemos en el 7. A 24 horas le ha costado mucho romper con los vicios señalados y sacudirse la tutela fáctica de la clase política que confunde su propia presencia en pantalla con el reflejo de la diversidad. Ello no le ha permitido sintonizar con los públicos, ni ser realmente el canal de todos los chilenos. Si a esto se suma el tono de sus conductores -poco empático y más propio de un canal internacional- el noticiario de TVN no parece tener mucho destino, más aún en año de elecciones.

Es probable que este problema no tenga solución con el actual modelo de TV pública que TVN representa. El país ha cambiado fuertemente en los últimos años y TVN, en términos organizacionales y editoriales, no ha podido leer esos cambios. Se quedó atrapado entre el Estado y la clase política, en el mismo momento en que los públicos se alejaban de ambas instituciones. Entonces, para no llegar al extremo de privatizarlo, debiéramos tomarnos en serio el tema e inventar modelos innovadores de propiedad pública, que se adapten mejor a los desafíos que impone la nueva etapa de la modernidad que vivimos. Modelos que sean capaces de hacer visibles las múltiples experiencias que nos constituyen como país, especialmente las de los olvidados.