La venganza de los gays

Esta última semana se han escrito varias columnas y artículos sobre los gays y sus revelaciones en los medios. Aquí una columna mía sobre el tema titulada "La venganza de los gays". La venganza de los gays Arturo Arriagada Estudiante de Sociología Universidad Diego Portales

Ser gay es tema actualmente en Chile. Siempre lo ha sido, pero es la primera vez que se trata en los medios de comunicación. Lamentablemente no hay mucho que sacar en limpio de toda la discusión que se ha llevado a cabo a través de blogs, columnas de opinión -­incluida ésta- y portadas de diarios, aunque sí ha quedado claro que de cualquier cosa, más aún lo relacionado con las conductas individuales, se construye un estereotipo, mejor dicho, de todo lo que aparece en los medios, incluso de la confesión de un gay que afirma ser gay, además de estar enamorado de otro gay. Obvio.

Para poder darle importancia a algún tema en particular es necesario exagerarlo. Mostrarlo como algo único que despierte el interés de quien recibe una información, sea a través de un diario, la televisión o en una conversación con el vecino, si es que eso todavía se hace. Nada nuevo en lo anterior, sólo se hace referencia al morbo, al espectáculo y al escándalo. Spiniak sigue penando, ahora reencarnado en Lavandero.

No sólo los periodistas, sino cualquier ciudadano común y corriente, sabe que las noticias que aparecen en los medios exageran ciertos elementos para poder captar la atención de quienes las consumen, esto desde la lógica del productor-consumidor, es decir, hay una oferta de información a cargo de los medios, mientras que los televidentes, lectores o auditores compran esa información, por ejemplo, yendo al kiosco a comprar el diario los domingos o suscribiéndose a la televisión por cable, etc.

Bajo esta lógica, lo inexplicable del asunto es que si los consumidores de información saben que lo que compran exagera ciertas características de algún hecho o persona y no responde a la realidad de ellos (si es que esta existe) igualmente la compran, es decir, compran que alguien diga que es gay, sabiendo hace mucho tiempo que esa persona es homosexual, o quizás la persona que lo pensó y lo leyó en un diario también terminó reconociendo su propia homosexualidad. Costo beneficio.

Ser gay o no da lo mismo. Ese no es el tema. Lo importante es tratar de entender porqué cada persona necesita informarse. Puede ser para comprender su entorno o para satisfacer ciertas carencias o necesidades intrínsecas del ser humano, quizás también sólo se quiere pasar un buen rato, entretención, en fin, pueden existir miles de razones propias como miles de seres humanos pisan la tierra. Eso sí, en esa exageración, es decir, en el estereotipo que aparece en la información que se construye, produce y consume, está la clave.

Todo se compra y se vende. Hoy son los gays, ayer fueron los café con piernas y sus meseras, mientras que mañana pueden ser los payasos o los niños que hacen malabarismo en los semáforos. Ya fue "Faúndez" y todos esos inventos arribistas destinados a fomentar ciertas conductas en los ciudadanos-consumidores. Por eso ser o no ser gay no importa, no es el tema. Realidades hay como seres humanos viven en permanente interacción con otros. La gracia eso sí de ser gay, mejor dicho, de ser gay-noticia, está en que dicha información rompe el estereotipo, destruye la exageración y la realidad que cada gueto, especialmente el machista, ha construido en torno a la homosexualidad.

En cada columna, imagen o portada de diario que en estos días ha circulado, queda representada la muerte del estereotipo gay, ese que ha sido tema por años como aval del machismo. Y es esa muerte la que se ha hecho presente de la manera más cruel: dejando en claro que ser gay es ser parte de la sociedad como cualquier persona, con virtudes y defectos, descalificaciones y detalles de cama poco interesantes, de cartuchismo intrínseco y revelaciones sospechosas, y al aparecer como información en los medios, se es parte de la sociedad respondiendo a la necesidades de cada individuo por comprender su entorno, al igual que cualquier noticia.

Lo peor de todo es que ser gay se convirtió en un tema que refleja las mismas incapacidades que como sociedad se han expandido y nos han perseguido permanentemente: la desigualdad, la exclusión y la necesidad por responder a ciertos cánones o patrones de conducta. Por eso y por mucho más, la venganza de los gays recién comienza. Falta todavía la venganza de los ciudadanos, esa que permita construir una sociedad que se escuche a sí misma, para comprender su propio entorno. Quizás el 11 de diciembre puede ser un buen ensayo.