Marcar Agenda

La objetividad de los medios de comunicación nunca ha existido, por lo tanto uno no se puede sorprender por la información que publica El Mercurio, The Clinic o La Nación –menos el presidente Lagos- como cualquier otro medio que responde a ciertos intereses políticos, sociales y económicos que van más allá de la mera objetividad que éstos aspiran lograr para vender su información a sus audiencias. Marcar agenda es el verdadero objetivo tanto de los medios como de aquellos que quieren influir en ellos para dar a conocer sus visiones de mundo. Marcar agenda Arturo Arriagada Estudiante Sociología Universidad Diego Portales Septiembre 25, 2005

La carta enviada por el Presidente de la República al director del diario El Mercurio el martes pasado es el reflejo de cómo opera la estructura de los medios de comunicación en Chile: oferta y demanda se juntan en torno a contenidos que la estimulen, orientados a generar ganancias económicas y simbólicas hacia los medios, tratando de capitalizar la fidelidad de sus consumidores, es decir, sus audiencias.

Que Ricardo Lagos (ciudadano y Presidente de la República) envíe una carta al diario que al parecer lee con atención, al igual que los actores políticos y económicos del país; más allá de los cuestionamientos éticos o egocéntricos que se le puedan hacer al ciudadano en cuestión, da cuenta de la necesidad que tienen los medios de comunicación de enfocarse en nichos de audiencias específicos que posean valores y visiones de mundo similares, como también la de los ciudadanos-consumidores de información por dar a conocer sus miradas a través de los medios.

Este proceso se convierte en una lucha de poder simbólico entre medio de comunicación y audiencia, mejor dicho entre productor y consumidor de un bien específico: la información. Dando por hecho que la objetividad en la información que presentan los medios se ve influenciada por la posición política de estos, sus valores y visiones de mundo de quienes la construyen, entre otros, la delantera la llevan los medios con relación a sus audiencias, ya que la creación de espacios para que los ciudadanos puedan ser parte de la información que la prensa construye – a través de las cartas al director, por ejemplo- crea una realidad de pseudo-participación en quienes consumen esos contenidos y el Presidente fue parte de esa lucha.

Lagos marcó agenda. Hizo que los candidatos presidenciales sigan navegando en aguas donde no hay corriente alguna para que se les sumen adherentes, especialmente en el caso de los candidatos de la Alianza por Chile. Incluso Michelle Bachelet, principal receptora de cualquier movimiento de Lagos, se verá obligada a tener reacciones que demuestren que puede ir más allá de sus partidos y adherentes acérrimos, contestando preguntas - no iguales en la forma, pero sí en el fondo- como la que hace algún tiempo le hiciera el historiador Alfredo Jocelyn-Holt.

Es el marcar agenda de Lagos donde los medios de comunicación trabajaron sobre la base de los elementos característicos de la noticia y la estructura de las empresas que las venden, pero con un valor agregado: El Mercurio dejó en claro el poder simbólico que tiene en el país a la hora de informar, es leído y bien evaluado en las encuestas, reflejando el doble juego que un medio de comunicación puede ejercer en las audiencias. Por un lado da la posibilidad de ser parte como ciudadano común y corriente en la construcción de la información que permite sociabilizar con otros en el espacio público, pero a la vez esa información representa una visión de ver el mundo influenciada por la persona que la construye. Como la carta no la escribió un periodista del diario, en este caso Lagos mostró su visión de mundo a través de un medio de comunicación, sin ser el medio el que filtrara ese discurso.

La objetividad de los medios de comunicación nunca ha existido, por lo tanto uno no se puede sorprender por la información que publica El Mercurio, The Clinic o La Nación –menos el presidente Lagos- como cualquier otro medio que responde a ciertos intereses políticos, sociales y económicos que van más allá de la mera objetividad que éstos aspiran lograr para vender su información a sus audiencias. Marcar agenda es el verdadero objetivo tanto de los medios como de aquellos que quieren influir en ellos para dar a conocer sus visiones de mundo.