Pitéate un Flaite

La campaña de Radio Carolina que llamaba a "pitearse a un flaite" despertó los instintos más clasistas como los más humanistas e igualitarios de muchos ciudadanos. El problema de este tipo de campañas es que muestran una forma de ver el mundo que se mantiene escondida debajo de las alfombras de muchos hogares, colegios, universidades y grupos de interés que se envuelven en los discursos pro igualdad, pero que terminan abogando por las diferencias a la hora de salvar los propios intereses y los de sus grupos "distintos". En eso los candidatos presidenciales han tenido gran responsabilidad. Una cosa es la delincuencia que hay que sancionar y otra es el estigma que se le cuelga a los "pobres", los que "necesitan que estén con ellos", los que quieren "alas para volar" o a los que les dicen que "se puede". Una notable columna de Rafael Gumucio publicada ayer domingo en LUN. Domingo 20 de Noviembre de 2005 Feos, rascas y peligrosos Rafael Gumucio Las Últimas Noticias

Unos jóvenes y simpáticos locutores de la radio Carolina iniciaron con entusiasmo su campaña "Pitéate un flaite", pero esta semana la iniciativa fue acusada de racista y clasista, por lo que fue retirada del aire por la misma emisora.

¿Quiénes son esos flaites a los que, según la campaña, deberíamos pitearnos? Se trata de chilenos de tez morena, pómulos sobresalientes y pelo largo y negro. Suelen llamarse Jonathan, Brandon, Freddy, Kevin, Jocelyn, Sharon o Jeanette. Estiran la ch, dicen "gánense" y se juntan en plazas sin pasto a fumar marihuana y tomar trago.

La campaña, a pesar de las apariencias, tiene un objetivo altruista, pues el responsable de la radio piensa que es su contribución para acabar con el flagelo de la delincuencia. "Pitéate un flaite" (cuyo jingle decía algo así como "pitéate un flaite, pitéatelo ya, porque son la escoria de la sociedad") tiene al menos el mérito de la claridad. Se atreve a decir en voz alta lo que muchos candidatos sólo dejan suponer. En Chile, la lucha contra la delincuencia es la chapa bajo la que se esconde una lucha más profunda y soterrada: la lucha contra los pobres. Y esa lucha no es la lucha contra la pobreza: mientras ésta quiere acabar con una condición temporal -la pobreza-, la otra embiste contra la categoría ontológica del pobre o el roto.

Los pobres -invariablemente ellos y sólo ellos- son los delincuentes a los que hay que encerrar en islas, apresar durante quince años o, simplemente, pitearse. Son ellos y sólo ellos los que defilan con la cabeza gacha y las manos maniatadas por todos los noticiarios de televisión. Son ellos y sólo ellos los que se llama a erradicar, perseguir, acallar sin pudor. Los delincuentes ricos que caen presos son una excepción que sólo confirma la regla, y la Penitenciaría no es una sucursal del Club de la Unión.

No todos los pobres son delincuentes, pero todos son de antemano culpables. De hecho, en los barrios populares, son pocos los que no han debido pasar por la comisaría o por la cárcel, muy pocos los que no han sido interrogados por la policía y poquísimos los que podrían alegar la presunción de inocencia frente a la autoridad.

Los pobres no pueden esperar -dijo un papa- y algunos de ellos, los flaites, efectivamente no esperan. Según los niñitos de la radio Carolina, la impaciencia de los flaites se traduce en robar y matar. Pongámosle que así sea, que los flaites son delincuentes y que los delincuentes son flaites. ¿No les importa la ley? No, no les importa: hagan lo que hagan, ésta nunca los protege. ¿No les importa la decencia, la moral? No, no les importa: hagan lo que hagan, siempre serán feos, rascas y peligrosos en los noticiarios y en las páginas policiales de los diarios.

Los flaites pueden drogarse, alcoholizarse, aparearse, mentir y estafar tanto como esos jóvenes de la radio Carolina, pero no tienen cómo lanzar, por ningún medio, una campaña para linchar a los cuicos y pegarle a cualquiera que se llame Francisco Javier, que use camisa polo y que hable a punta de "cachái". Los flaites no se lanzarían nunca en tales campañas, porque son pobres, son sucios, son delincuentes, pero al menos pelean con sus propias manos y arriesgan su cuerpo y no mandan a la manada arribista a golpear por ellos y a limpiar el país.