Todo Chile baila

Entre tanta fiesta mechona, el cambio de mando irá acompañado de fiestas de la ciudadanía y celebración en las calles, cortesía del gobierno entrante. Una columna de Cristóbal Marín (Decano Facultad de Ciencias Sociales de la UDP) donde analiza la necesidad de entretención y espectáculo de la sociedad chilena, publicada ayer en Reportajes de El Mercurio. El Mercurio/ Reportajes Domingo 5 de marzo de 2006

Chile es un festival

A pesar de lo que se podría pensar, el avance de la sociedad chilena ha derivado en una primitiva necesidad de diversión. El goce de los distintos placeres pareciera ser transversal a cualquier división o estatuto. Ni la política se salva del jolgorio.

Cristóbal Marín

Como si no fuera suficiente con los últimos espectáculos que han llenado los escenarios y pantallas de TV nacionales, la Presidenta electa nos promete un megaconcierto para celebrar el cambio de mando.

Primero fue su cierre de campaña, que, al ritmo de las canciones de Bosé, Víctor Manuel y Ana Belén, se convirtió en una alegre fiesta callejera. Luego el Love Parade que sorprendió a todos con una masiva adhesión: casi 300 mil personas bailando desenfrenadamente en la Alameda. Después, el festival de Olmué, que como nunca antes se llenó de público y rating. También La Serena tuvo su festival con candidatas a reina camorreras que coparon las portadas de los diarios criollos. Acaban de finalizar el concierto de U2 con gran éxito, y el Festival de Viña con multitudes que desbordaron la Quinta Vergara y con un récord en sintonía.

El nuevo festejo de Bachelet -llamado Fiesta Ciudadana- se realizará en plena Alameda, luego que asuma la presidencia, y con cantantes de la talla de Julieta Venegas, Maria Bethania, Kevin Johansen, Andrea Echeverri, Saiko y otras. Incluso se contactó a Tracy Chapman y se rumorea la participación de la mismísima Myriam Hernández. Casi un Viña chico, pero sin pagar un peso. Más aún, el próximo miércoles, para el día internacional de la mujer, la mandataria encabezará en la Alameda frente a Namur otro espectáculo político musical gratis y con destacadas figuras.

¿Por qué tanta fiesta? ¿No estábamos transitando hacia una sociedad moderna donde el trabajo, el ahorro y el ascetismo calvinista eran la orden del día? ¿No se había convertido nuestra ciudad, al decir de Max Weber, en un "gran monasterio profano"?

Efectivamente durante la última década la sociedad chilena se ha estado disciplinando en los valores del trabajo, el ahorro y la superación personal. Apenas queda tiempo para celebrar. El trabajo se ha visto como una proyección hacia el futuro y lo caracteriza la postergación de la satisfacción. Esto se contrapone a la fiesta que se define por el presente, por la realización actual.

Sin embargo, el espíritu festivo ha sido un elemento no despreciable de nuestro ser nacional. En los inicios de la república, la Alameda de las Delicias era el lugar de todo tipo de desbordes populares. Un viajero alemán cuenta que las clases populares "permanecían toda la noche en las ramadas de la Alameda, donde cantaban muchachas al son de las guitarras y la gente bailaba, comía, jugaba y bebía en forma realmente salvaje".

Desde mediados del siglo XIX las elites se han obsesionado con detener la jarana popular para poder crear una nación moderna. También a la Iglesia Católica le ha preocupado mucho este espíritu carnavalesco. En la segunda mitad del siglo XX, las elites lograron disciplinar significativamente el carácter festivo del pueblo. Los grandes esfuerzos modernizadores han tenido que ver con un intento de cambio en el carácter y la incorporación de una moral del trabajo y el ahorro. Primero se intentó desde el Estado, pero con poco éxito. Luego desde el mercado, obteniéndose un revolucionario cambio hacia una lógica del trabajo y la superación personal.

Sin embargo, en el último año al parecer la primitiva necesidad de fiesta y disfrute colectivo se ha colado por la puerta de atrás y ha invadido incluso la misma política.

¿Es esto negativo para nuestra aspiración de ser un país desarrollado? ¿O es la manifestación de una necesidad más profunda de integración social, de pertenencia a un colectivo mayor y de disfrute de la vida en común?

Cansados de ser individuos que trabajan y que compiten, los chilenos queremos experimentar también ese momento de irresponsabilidad y de sentido colectivo que sólo provee la fiesta. Quizás no es malo que sea así. Es probable que sólo pueda haber sujetos autónomos y ambiciosos, como los que demanda el mercado, allí donde existen seres humanos que, de vez en cuando, tienen la oportunidad y el valor de olvidarse de sí mismos.