La Belleza del Pensar QEPD

La lógica de la industria televisiva tiene un nuevo conflicto con la identidad nacional: La Belleza del Pensar, el único programa que honestamente cualquier persona que reclame o no por la necesidad de mayor cultura en la televisión ha visto, está por desaparecer. El equipo de Antimedios si bien no se suma a discursos populistas, cree necesario que un programa como este no muera cuando su aporte a la apertura mental, mediática y cultural del país ha sido más que evidente.Entrevistas a Cristián Warnken publicadas hoy en La Nación y Wikén de El Mercurio defienden la existencia de este clásico programa chileno.

Cristián Warnken: “Desde el año pasado que querían terminar con el programa” Javier García La Nación, Viernes 31 de Marzo de 2006

Ya supo que la estación católica grabó un piloto del programa que conducía, pero él está tratando de proyectar un nuevo espacio en otro lugar, tal vez la radio. Dice que en estos momentos la mejor terapia sería recluirse en un bosque y entrevistarse a sí mismo. Hoy le reconfortan sus entrevistas inolvidables con Augusto Monterroso, Roberto Bolaño y Adolfo Bioy Casares.

Asegura no tener cable y que por estos días sólo ha visto “La esclava Isaura”. Diez años condujo “La belleza de pensar” con cerca de 400 entrevistas, pero nunca se emitieron “las conversaciones con la hermana de Andrei Tarkovski, con Rüdiger Safranski -biógrafo de Nietzsche y Heidegger- y más de diez entrevistas a intelectuales franceses”, señala Cristián Warnken.

“El flaco”, como le dicen sus amigos, hace ocho meses que no grababa el programa, y hace dos semanas que Canal 13 le informó que el espacio seguía, pero sin él y su productora. Mientras conversamos cuatro personas se acercaron a darle su apoyo. Ha recibido cientos de emails, cartas y llamadas telefónicas.

Hace una década, “La belleza de pensar”, partió en Canal ARTV, luego Eliodoro Rodríguez llevó a Warnken a Canal 13, para realizar el programa análogo a “La belleza...”, llamado “Estación insomnio”. Después vendrá la era de Rodrigo Jordán en el canal “con quien iba a recuperar la marca, pero Jordán desaparece del mapa y el 2001 me empiezo a encontrar con nuevos ejecutivos del canal, me bajan el sueldo y con mi socia Teresa Matte creamos la productora MW, para que el programa no muriera en la crisis económica que estaba viviendo el canal”, relata.

Para negociar este año, por primera vez a Warnken no lo recibió la directora ejecutiva de Canal 13, sino un gerente de estrategia e innovación “y el señor nos dice: nos interesa mucho el programa, pero para renovar contrato la condición del canal es que ustedes cedan los derechos de todos los programas del 2002 al 2006 en su totalidad y para siempre, luego se insistió con un correo electrónico, y ahí nosotros dijimos por ningún motivo”, cuenta.

Pero Warnken insiste que el mayor daño en este conflicto se lo lleva el canal católico “ellos se fueron enredando en una cantidad de mentiras, primero para justificarse frente a la universidad, segundo, los ejecutivos le mienten al consejo directivo del canal y el Consejo le miente a la Universidad Católica, donde teníamos mucho apoyo, luego empieza gente del canal a realizar declaraciones falsas a los diarios”, asegura y dice que en estos momentos la mejor terapia sería entrevistarse a sí mismo “empezar a rebatirme y volverme loco e irme a vivir a un bosque”.

“¡SALÍ EN LAS ÚLTIMAS!”

-Dentro de otras cosas la televisión es un negocio, ¿cómo no intuiste que se venía esta decisión del canal?

-Desde el año pasado el canal quería terminar con el programa. Las señales de alerta se dieron cuando nos sentamos a negociar. Había una letra chica en el contrato que nos obligaba a renunciar a la marca. Luego, sacaron el programa de la señal UCV, donde se estaba emitiendo. Curiosamente, hoy día el programa vale más después de lo que pasó y ha demostrado que éste tenía un público, que ni la misma gente del canal sospechaba. Incluso, los últimos días se están abriendo posibilidades para el programa.

-Canal 13 ha dicho que “hay belleza de pensar para rato”, sin ti por supuesto.

-La gente está convencida de que el programa va a seguir, pero ya supe que el canal grabó un piloto, ¡o sea que lo hicieron cuando estaba negociando! Quizás hay alguien que no quiere que esté en Canal 13. Aquí una persona vio un negocio donde yo no había visto, por ejemplo, el exportar programas. Estoy tranquilo y tratando de proyectar el programa en otro lugar. Estoy buscando, sino pasa nada diré públicamente “fue imposible”. Creo que la radio es un estupendo medio para hacer algo.

-¿Te quedó la sensación que con el programa sólo te acercaste a una elite del país?

-Sí, a través del cable sólo podía llegar a una elite, que es el 30% de la gente que tiene televisión en Chile. Siempre discutí con el canal que la gente humilde estuviese condenada a la televisión abierta. La elite puede ir al teatro y comprar libros, pero Canal 13 sacó el programa de UCV.

MONOSÍLABOS Y RABIA

-Claramente la televisión chilena se ha volcado a la farándula, de hecho pautea a los diarios.

-Pienso que este fenómeno va a llegar a un punto de saturación radical y luego debieran pasar cosas interesantes, pero el tema de la digitalización va a hacer que muchos canales se preocupen del contenido de los programas, pero esa es una esperanza. Es lamentable que el Consejo Nacional de Televisión deba tener una actitud paternalista con los canales para con la cultura. Ahora en la tele veo “Tolerancia cero” y “La esclava Isaura”, con quien aparecí en “Las Últimas Noticias” ¡salimos en el mismo número!

-¿Cuáles son las entrevistas que te marcaron en estos años?

-La de Jorge Teillier. Cuando entrevisté a Adolfo Bioy Casares estaba muy nervioso. Él venía de vuelta de todo, estaba muy enfermo y llegó acompañado de una enfermera, fue dos años antes de su muerte. Otro es Augusto Monterroso, que odiaba las entrevistas y su señora lo trajo casi amarrado, contestaba con puros monosílabos, pero al final se relajó. También Oreste Plath, quien me retó toda la entrevista; estaba molesto ya que nunca el país le había hecho un reconocimiento. Y con Roberto Bolaño estaba nervioso, porque me habían advertido, incluso amigos de él “cuidado este gallo es terrible, es muy mala leche te va a atacar”. Creo que no le saqué todo el provecho que debía.

La revolución de Warnken Wikén/El Mercurio Viernes 31 de marzo de 2006

Lleva 10 años en tV y hasta hace dos semanas él y su programa pasaban inadvertidos. Pero bastó que Canal 13 lo sacará de la conducción para que se desatara la polémica. Nicanor Parra, Alfredo Jocelyn Holt y Alberto Fuguet, entre otros, saltaron a defenderlo. Y cientos de ciudadanos han tapado de mails su productora . "Hay muchos náufragos de la TV", dice él a modo de explicación y bajándole el perfil a una carrera que tiene a Kike Morandé como su descubridor.

Por Bárbara Muñoz S.

Nunca un pequeño programa de TV cable había generado tanto revuelo. Apenas se supo que "La belleza de pensar", ese reducto intelectual que hace siete años transmitía Canal 13 Cable, ya no estaría a cargo de Cristián Warnken (45), los blogs y foros en Internet se encendieron, las cadenas de mails comenzaron a correr y las cartas al director ardieron. Se preparó una manifestación frente al Café Mosqueto (de propiedad de Warnken y su señora, Daniela Pavlovic), postularon bombardear las oficinas del canal con poemas y hasta un líder espiritual que alguna vez Warnken entrevistó, le escribió un mail, apoyándolo.

No hay precedente para esta reacción del público. Ni siquiera ante el fin de algún programa masivo, Canal 13 se había encontrado con una oposición tan grande. Y todo provocado por este profesor de literatura que habla tres idiomas y se lee la obra completa de cada personaje antes de entrevistarlo. Un tipo que con su metro 94 no encuentra muchas puertas ni sillas que le acomoden. Y que, con su afanes poéticos y su indiferencia ante el rating o los estudios de mercado, tampoco ha encontrado muchos trabajos donde sentirse a sus anchas.

Más tarde o más temprano se ha ido, o lo han sacado. Se fue del proyecto "Noreste", por ejemplo, un periódico que combatía el apagón cultural de los ochenta con noticias inventadas y abundante poesía. Y lo sacaron de la radio Concierto, donde en 1995 su proyecto "El desembarco de los ángeles" fue un fracaso comercial. Hasta el café que tienen con su mujer enfrentó un problema que cualquiera más aterrizado habría previsto: los libros que habían dispuesto en el local para felicidad de los clientes, comenzaron a desaparecer porque la gente se los llevaba. Eran colecciones completas que Warnken se negaba a marcar con bandas magnéticas. Porque lo suyo era un café, no un supermercado.

Es que Warnken es obstinado y a ratos parece de otro mundo. Profesor universitario y especialista en tertulias - lo llaman cada vez que hay que moderar una- , hasta ahora sólo había hallado un medio en el que se sentía a pleno gusto: Canal 13 cable. A la estación católica llegó por un llamado de Eliodoro Rodríguez, el histórico director ejecutivo del 13, que había visto en ARTV un programa en que Warnken entrevistaba a Dios. Sí, con cuestionario y todo, aunque las respuestas divinas eran inaudibles para el público.

Su inusual carrera en televisión había comenzado antes y nada menos que con Kike Morandé. Porque el entonces conductor de "Cóctel" lo invitó al programa en su calidad de productor de la Feria del Libro de ese año. No se llevaron nada bien: Morandé quiso hacer chistes sobre libros y Warnken lo paró en seco. A la salida el director, Reinaldo Sepúlveda, le dijo: "Tú deberías estar en televisión" y al poco tiempo lo llamó para conducir "La terraza", un programa veraniego, junto a Ivette Vergara. "Me sentía un poco ridículo", reconoce Warnken, "pero lo hice porque necesitaba la plata". El programa se acabó pero Eduardo Tironi, se lo llevó a ARTV.

Era una buena época para Warnken. Estaba de moda. En 1994 condujo en TVN el programa "Usted decide". Y en 1996, junto a Tironi, creó para ARTV "La belleza de pensar", tomando el título de un libro de Eduardo Anguita. Más tarde, en 1999, haría para Canal 13 "Caja negra", un espacio que le permitió entrevistar a cineastas como Wim Wenders, Werner Herzog y Sidney Pollack.

Pero él siente que "La belleza de pensar" es su proyecto más personal. Por algo se negó a hacerle cualquier cambio: nunca quiso abandonar la escenografía negra, ni la hora de duración, ni la manera en que las cámaras los mostraban a él y a su invitado de turno, sin imágenes de relleno ni música de fondo. Un programa en serio, que lo ha obligado, de algún modo, a cultivar una imagen austera y recatada, hasta en las fotografías que acompañan sus apariciones en la prensa. Lo suyo era la entrevista desnuda, de corrido, en la que podían pasar cosas inesperadas. Como cuando el escritor guatemalteco Augusto Monterroso, maestro del microcuento, se dedicó a contestarle con monosílabos. O como cuando Roberto Bolaño se abrió a hablar de la muerte. ¿Su gran deuda? "Entrevistar a Nicanor Parra", dice él sin titubear. El antipoeta nunca aceptó ser entrevistado en cámara, pero la semana pasada, junto a otros intelectuales, envió a "El Mercurio" una carta de apoyo al conductor.

"Con eso me di por pagado", dice sonriendo. Pero no fue la única sorpresa. "Estuve en el suelo cuando supe que el programa no iba más. Pero me empezó a levantar el que tipos a otro nivel me defendieran. Lo que dijo Alberto Fuguet, que no es de mi línea, o Sergio Paz, que no tiene nada que ver con mi mundo, lo encontré de una generosidad enorme. Y yo estaba realmente golpeado, dolido y confundido". El apoyo no vino sólo de gente famosa. Warnken atesora cientos de e-mails y cartas que le han llegado de gente común y corriente: profesores de básica, estudiantes universitarios, chilenos diversos que le cuentan lo bonito que era encender el televisor y encontrarse con un programa como el suyo. Mucha de esa gente ya le había escrito alguna vez, y había recibido una respuesta de él. Porque Warnken tiene el hábito de contestarle a todos los que le escriben a la productora MW. Se lo enseñó su socia, Teresa Matte, y él aprendió con los años a valorar esa comunicación con su público. Es cierto: tal vez, sumados, esos espectadores no dan muchos puntos de rating. Pero eso a él lo tiene sin cuidado. Lo que le importa es esta reacción en cadena, tan a escala humana. Su única explicación ante el fenómeno es que él se ha convertido en catalizador de un fenómeno mayor: el malestar generalizado respecto de la televisión actual. "Hay muchos náufragos de la TV", dice él. Y "La belleza de pensar" era su isla.

Canal 13 anunció que el programa sigue. Claro que con otro conductor. Es lo que dijo la directora ejecutiva de Canal 13, Eliana Rozas en una carta a los medios. "Me pareció una falta de criterio y de delicadeza, incluso de falta de respeto de la dirección ejecutiva de Canal 13 hacia mi persona y nuestro equipo, como diciendo 'lo que ha hecho el señor Warnken en 10 años, es totalmente desechable y reemplazable'. Yo sé que todos somos reemplazables, pero oye, aquí hay un cierto oficio. No es llegar e inventar un programa así como así. Uno de los temas más difíciles es hacer TV con contenido y que funcione", afirma Warnken sin falsa modestia.

Cuando habla del conflicto con Canal 13 se emociona. Y saca las garras, porque le duele. Reconoce que él mismo actuó ingenuamente hace un año, cuando firmó un acuerdo en el que renunciaba al control de la marca "La belleza de pensar". Porque no pensó que con eso el canal podría hacerlos a un lado a él y a su productora. Recién se da cuenta de lo que significa. "Me siento un poco responsable por esa marca. No quiero que esté trajinada. Yo le deseo a la persona que va a conducir el nuevo espacio, mucho éxito. Pero le sugeriría esperar un tiempo. Creo que deberían guardar la marca y hacer algo nuevo. ¿Por qué tienen que usar lo que creó otra gente? Si hacen la misma fórmula, les va a salir mala".

Él ya se resignó. Legalmente, está fuera. Y eso que hasta sus talleres literarios se llamaban "La belleza de pensar", y tiene inscrita como suya la página web (labellezadepensar.org).

¿Y cómo fue que las cosas terminaron tan mal? Su versión es que la estación católica le pidió que cediera los derechos totales de los programas que había hecho entre 2002 y 2006, y que él se negó porque, de sólo pensar que podrían usar segmentos de sus entrevistas en algún programa de farándula o de parodia se le paraban los pelos. Además asegura que Canal 13 mintió y que no le ha dicho toda la verdad a la Universidad Católica. Asegura que ni él ni su productora estaban haciendo exigencias económicas. "Nunca nos dijeron 'bajen el precio'. Y que digan que yo estaba cobrando muy caro me parece una falta de respeto", alega.

Para él "éste es un problema de la actual plana ejecutiva de Canal 13. Quiero creer que no ha habido mala fe, pero sí hay una mezcla de mentiras, de inexperiencia y falta de criterio".

"¿Porque no se enfrentan la verdad con sus consecuencias?", pregunta como al aire. "Puedo entender que el canal quiera prescindir de mí . Es legítimo, pero ¿por qué no lo dicen abiertamente? Que digan que lo que quieren es hacerlo en el canal y no externamente. Si lo hubieran dicho, se hubieran evitado toda esta pelotera. Sin embargo, han seguido mintiendo". Ante esto, la estación mantiene su declaración general. En el departamento de Relaciones Públicas explican que no van a comentar el detalle de las negociaciones con Warnken. En cuanto a él, tiene una cosa clara: su intención es "nunca más volver a Canal 13".

¿Y qué va a hacer ahora? Él asegura que no necesita "La belleza de pensar" para vivir. Que ya en 2002, cuando la crisis económica en Canal 13 hubo que reducir los salarios, decidió que no podía depender económicamente del programa, y se buscó otros trabajos. No por temor a que se acabara, sino para hacerlo más libremente, sólo por gusto.

Pero es ese placer el que no quiere perder. Sobre todo ahora, en que después de casi 11 años en televisión, su apuesta se ha convertido en un símbolo de la televisión más tradicional, la que asumía una misión educadora, más allá de la simple entretención. "Me ubico poco en el escenario actual, pero me gusta ese estilo de los viejos zorros de la televisión. Eliodoro Rodríguez Matte, que era un caballero, o Eduardo Tironi. Ahora también hay gente buena y eficiente como Jaime de Aguirre o Carlos Altamirano. Y por favor que no piensen que les estoy mandando recados para que me llamen. Admiro a la gente de oficio. Yo no soy un talibán. No creo que la TV esté llena de corruptos. A Mario Kreutzbeger lo respeto mucho. Creo que él ha hecho un camino propio y sabe mucho de TV y es más impecable de lo que mucha gente dice".

Para él, la pelea que acaba de dar, y que le movió el piso a varias autoridades del Canal 13, hizo visible una posición que estaba oculta en el público chileno. Y quiere apostar a que esta movilización del público será una luz de alerta para los avisadores. Confía en que los publicistas sabrán captar lo que él llama "un fenómeno". "Hay un público transversal que quizás no marca puntos de rating pero tiene una fuerza y una fidelidad que da para pensar. Los avisadores deberían reflexionar ¿dónde queremos estar? ¿En programas con 30 puntos pero que la gente critica o en uno con un público fiel?".

El conductor se está jugando sus cartas, porque con Teresa Matte, su socia en la productora MW, quieren seguir en pantalla. Warnken cree que la televisión digital les dará espacio importante a estos programass más marginales. Que ahí puede estar su futuro.

"Es curioso. El daño que me hicieron a lo mejor se convierte en algo positivo. Mi programa nunca había valido tanto como ahora", reconoce. Dice que no quiere ser como esos animadores que anuncian que "le han llovido las ofertas", pero sí confirma que se le ha acercado mucha gente, no sólo de canales de televisión. "Estamos abriendo el naipe y viendo qué vamos a hacer. No será fácil volver a encontrar un espacio así. La gente tiene la convicción de que el programa va a seguir y de que nos van a llamar de todos los canales para darnos un espacio. Pero sé que no es fácil. Yo no tengo esa convicción. Tengo la esperanza, pero no la convicción".