La crisis del Patio 29

Una columna mía a raíz de la crisis que ha enfrentado el Gobierno, debido a la errónea identificación de los cuerpos del Patio 29. Bachelet tiene la posibilidad de saldar una deuda permanente de los gobiernos de la Concertación con los familiares de detenidos desaparecidos, y así dejar de ser la primera mujer Presidenta de Chile, para convertirse en la primera gobernante que se hace cargo de un tema consensuado durante 16 años. 1 de Mayo, 2006 Los hijos del consenso Arturo Arriagada Facultad de Comunicación y Letras Universidad Diego Portales

La crisis a la que se ha visto enfrentada el gobierno de Michelle Bachelet por las irregularidades en la identificación de los cuerpos del Patio 29, no es más que la consecuencia de la política de los consensos que le ha otorgado buenos dividendos a los gobiernos de la Concertación durante los últimos 16 años en Chile. El problema no es que esta forma de enfrentar el momento más doloroso de la historia democrática del país haya generado malos resultados, pero sí ha impedido la concreción de los ideales y valores que en un momento fueron el eje central de la Concertación para enfrentar la dictadura de Pinochet.

A más de alguna persona le puede haber parecido extraña la declaración del entonces presidente Ricardo Lagos, en septiembre del 2005, al anunciar que la transición había concluido en Chile. Lo más probable es que hasta Pamela Pereira junto a las viudas y familiares de los detenidos desaparecidos a manos de la dictadura hubiesen estado de acuerdo en ese momento con la frase, sin saber que tiempo después los muertos que en su momento enterraron no eran más que un escenario ficticio para satisfacer la ansiedad por terminar con la transición.

Luego de intentos que no han podido evaluarse por su corta historia, entre ellos la mesa de diálogo del año 2003, los nunca más por parte del Ejército, y un sinfín de gestos que finalmente han impedido escarbar en uno de los secretos mejores guardados en la historia de Chile, aquellos que fueron la moneda de cambio para poder legitimar un gobierno democrático ante actores que no tenían mayores intenciones de que eso sucediera, finalmente logran saldar una deuda pendiente.

La crisis que ha enfrentado el gobierno de Michelle Bachelet es una gran oportunidad para que los familiares de detenidos desaparecidos le exijan a los gobiernos de la Concertación saldar una deuda histórica. Qué mejor forma de hacerlo de la mano de una presidenta que comparte una historia de vida similar con Pamela Pereira y compañía. El problema surge cuando es necesario hacer los gestos políticos de rigor para no derribar mitos y exigir responsabilidades a los actores más relevantes de los gobiernos concertacionistas como Soledad Alvear, José Antonio Gómez y Luis Bates, sin dejar de nombrar a Ricardo Lagos.

Michelle Bachelet tiene en sus manos la posibilidad de impedir la venganza de los consensuados, de aquellos que permanentemente han debido tolerar que sus preguntas sin contestar se dejen siempre en las manos de las instituciones que funcionan. Los grandes logros de los gobiernos concertacionistas se deben a la capacidad de generar acuerdos entre los distintos actores políticos del país, de la mano de grandes logros económicos, pero ya es momento que cuando en Chile las certezas sobre el éxito de la economía y el triunfo de la democracia están completamente asimiladas, los derechos humanos tomen el lugar que se merecen en el debate, más allá de los gestos y acuerdos que impiden transparentar información para encontrar la ansiada verdad y justicia que hace tanto tiempo se viene buscando.

Si Bachelet se desmarca de los anteriores gobiernos concertacionistas (sin levantar la voz, pero dejando en claro que el error no se ha solucionado), dando respuestas concretas y transparentes a los familiares de detenidos desaparecidos, puede pasar a la historia, aparte de ser la primera mujer Presidente de Chile, como la Presidenta que saldó una deuda pendiente que nadie ha querido pagar, la de aquellos que hace 16 años siguen siendo consensuados.