¿Clientes o ciudadanos?

A raíz de la nueva publicidad de los supermercados Líder, les envío esta columna titulada "¿Clientes o ciudadanos?". En ella cuestiono la ingeniudad de los medios de comunicación al permitir que un reportaje termine siendo un afiche de paleta publicitaria. En la medida que los medios de comunicación sean capaces de investigar y fiscalizar el actuar de políticos, empresas y funcionarios públicos, la democracia en Chile se verá beneficiada por la confianza que podrá depositar la ciudadanía tanto en los medios, las marcas y los gobernantes. ¿Clientes o ciudadanos? Arturo Arriagada Facultad de Comunicación y Letras Universidad Diego Portales 21 de Mayo, 2006

En la medida que los medios de comunicación sean capaces de investigar y fiscalizar el actuar de políticos, empresas y funcionarios públicos, la democracia en Chile se verá beneficiada por la confianza que podrá depositar la ciudadanía tanto en los medios, las marcas y los gobernantes. Mientras los medios masivos no sean capaces de definir si son espacios de publicidad de diversas empresas, espacios para discusiones ideológicas de políticos y autoridades con ansias de figurar o espacios para informar a la ciudadanía del funcionamiento de sus instituciones, no se podrá capitalizar esa confianza para captar más audiencias, y de paso, mejorar la democracia.

En un sondeo del Centro de Encuestas La Tercera publicado el domingo 21 de Mayo, los medios de comunicación son evaluados con un 4,9 (en la escala de 1 a 7), el Senado y la Cámara de Diputados le siguen con un 4,3, los grandes empresarios con un 4,2, y en último lugar figuran los partidos políticos con un 3,5. Lo anterior refleja la posibilidad que tienen los medios de capitalizar la confianza que en ellos depositan las personas, a través de información que empodere a ciudadanos ansiosos por ser parte de los procesos de toma de decisiones, fiscalizando a empresarios y autoridades.

De acuerdo al informe del PNUD del año 2004, los medios de comunicación son a juicio de la elite, la organización más poderosa e influyente del país. Claro, si bien esto se puede interpretar como el temor que a la elite le genera la fiscalización de los medios, es posible entender también la obsesión de la elite con los medios para influir en la opinión pública. En el mismo informe, un 42% de esa elite señala que los medios de comunicación han cambiado para mejor, frase que puede estar cubierta de un cinismo preocupante, teniendo como antecedente la reciente publicidad del supermercado Líder, luego de nombrar a una nueva ejecutiva.

El tratamiento dado por los medios a temas como las fallas en los arreglos de la Alameda, junto a la foto tomada por LUN donde se muestra a un senador mirando modelos por Internet en plena sesión del Congreso, se contradice con el uso de reportajes publicados en medios como publicidad en paraderos de micros por el supermercado Líder. Lo anterior refleja la contradicción a la que se ven enfrentados los medios masivos: hacer sentir a sus audiencias como ciudadanos o clientes que necesitan información, tanto para consumir, como para elegir y fiscalizar a sus autoridades.

Con noticias como las presentadas por LUN la semana pasada, los medios de comunicación pueden equilibrar su necesidad comercial con criterios editoriales e informativos que generen mayor confianza en sus audiencias. De esta forma, medios como el diario Siete -que actualmente se encuentra en huelga-, al margen de sus estrategias comerciales (no tiene página web, por ejemplo), podría equilibrar su noción de las audiencias, como de empresas que desean publicitar sus productos.

Si se insiste en defender a los medios de comunicación como entidades que poseen un rol social por el sólo hecho de existir, obviando los criterios comerciales en los que se mueve la industria actual, los diarios Siete seguirán muriendo por falta de información atractiva que permita captar audiencias y auspiciadores. Pero a la vez, por ser demasiado ingenuos a la hora de construir información, los medios pueden pagar un costo si entran en la lógica de promocionar cada cambio de ejecutivos que las grandes empresas realicen, especialmente, si esos reportajes terminan siendo afiches en micros, paraderos y otros espacios publicitarios.

Mientras los medios de comunicación, a través de la información que presentan, sigan poniendo en la misma jerarquía a nuevos ejecutivos de empresas con autoridades que hacen mal su trabajo, la confianza hacia ellos por parte de la ciudadanía, así como sus ventas, seguirán con más signos negativos que positivos. Si los chilenos logran distinguir la publicidad de la información que presentan los medios, podrán seguir negando la confianza que día a día titulares y portadas tratan de captar, dejando insatisfechos tanto a los clientes como a los ciudadanos que quieren una mejor democracia para Chile.