La regla de oro

25 de Junio, 2006La regla de oro Arturo Arriagada Facultad de Comunicación y Letras Universidad Diego Portales

La reciente iniciativa impulsada por senadores oficialistas y opositores, y que pretende eliminar el rating online como mecanismo de medición de audiencias en programas de televisión, puede ser visto como otro paso en falso por parte de aquellos que en el afán de “servir al público”, terminan por generar más trabas para un ciudadano que en su rol de telespectador o empresario, se ve impedido de ejercer su función de manera que fomente la competencia entre canales y los programas que producen.

Si las empresas pueden competir por entregar una mejor atención a sus clientes, a través de precios bajos y calidad de los productos y servicios que ofrecen, la obligación que por medio de una ley se le pretende imponer a los canales de televisión para que no midan la cantidad de gente que está viendo sus programas, puede generar un incentivo negativo tanto para los propios canales de televisión y las audiencias, como para los futuros trabajadores de la industria televisiva.

Podría ser considerada una medida con carácter de “bien público” el regular el uso del rating online cuando, por ejemplo, se transmite una entrevista a personajes como las gemelas Campos o Kenita Larraín, y se les expone a situaciones que pueden ser consideradas como “poco deferentes” para el propio entrevistado y los teleespectadores. ¿Pero qué ocurre cuando quienes legislan y la propia industria televisiva pone trabas para el desarrollo de la televisión digital, cuyo formato permite la segmentación de programas y audiencias, más allá de la medición online y con la posibilidad de que la publicidad funcione sobre la base de incentivos de oferta y demanda?

El regular de manera restrictiva un mercado que recién se encuentra en una etapa de competitividad, por ejemplo, a través del crecimiento del horario prime (22:00 a 24:00 hrs.) y su importancia tanto en el nivel de audiencia, producción de programas e inversión publicitaria, es un proceso que no debe tener como fin excluyente el “mejorar la calidad de la televisión” o “fomentar la producción de programas culturales”. Lo anterior, sumado a la presión de canales como Chilevisión y Mega que ponen en riesgo el dúopolio Canal 13-TVN, impediría el fomento a la competitividad entre las empresas televisivas.

En este escenario, la presión no debiera caer en los canales privados, pero sí en TVN que, como el canal de todos los chilenos, debe cumplir con el rol de equilibrar la producción de contenidos que permitan satisfacer la diversidad de demandas de los ciudadanos. Así como sus directores son de la teoría de los equilibrios para poder financiar programas culturales por medio de la existencia de Rojo, Pasiones o el éxito de la teleserie de turno, esto significa que si estos programas son exitosos a nivel de audiencia y publicidad, es posible financiar programas como La Hora 25 o La Tierra en que Vivimos, también debiera existir la posibilidad que sean los propios consumidores de televisión los que puedan construir el contenido o la información que desean ver a través de la pantalla.

Si son los números los que permanentemente mandan por sobre los contenidos, la regla de oro que beneficie tanto a los canales como a sus consumidores, debiera surgir de la premisa que son estos últimos quienes tienen la posibilidad de elegir lo que quieren ver, a través de una oferta diversa y que idealmente funcione a través de la segmentación. Los “eventos mediáticos” como los cambios de mando, las teletones, los partidos de la selección, el mundial de fútbol o las olimpiadas, serán los programas masivos para los canales, mientras que si desde el Estado se aspira a regular la posibilidad que tienen estos de medir a través del rating online la cantidad de personas que están consumiendo sus productos, será la industria televisiva y las audiencias los que paguen un costo: no se fomentará la competitividad entre canales, en función de contenidos que acaparen el interés de audiencias diversas en gustos y preferencias.