Mentalidad televisiva

23 de Agosto, 2006.Mentalidad televisiva Arturo Arriagada Facultad de Comunicación y Letras Universidad Diego Portales

La escasa capacidad que ha tenido el gobierno de Bachelet para manejar la agenda mediática, sólo genera como resultado la indiferencia y el rechazo de la ciudadanía a través de las encuestas. La mentalidad televisiva del gobierno, más allá del protagonismo de Bachelet, será clave para invertir un escenario comunicacional incierto.

Mientras menos libertad tenga el gobierno para comunicar sus acciones, mayor será la ignorancia de la ciudadanía ante los temas que este aspire a instalar en la agenda mediática. Si bien los resultados de la encuesta Cerc pueden ser percibidos como una foto más de un momento en que las encuestas reflejan una baja en la popularidad de la presidenta, los medios de comunicación han ganado una fácil pelea donde los conflictos de poder y el backstage de los partidos políticos (especialmente de la Concertación y sus precandidaturas anticipadas) superan con creces en presencia mediática a la capacidad del gobierno de comunicar su plan de trabajo.

De acuerdo a la última encuesta Cerc, un 16% de los encuestados no sabe lo que ha hecho bien Bachelet, y un 20% señala que ninguna de las tareas llevadas a cabo por la primera mujer en llegar a La Moneda han sido bien hechas. El bajo nivel de conocimiento de las acciones impulsadas por Bachelet responde a la escasa capacidad que tiene para poder comunicarlas. Así como la ciudadanía puede distinguir cuando existe un buen manejo de crisis, más allá de la inexperiencia política del gabinete, también podría percibir un desorden comunicacional en el gobierno y evaluarlo negativamente.

Bachelet y su equipo asumieron esta debilidad, por tal razón tuvieron una semana donde las apariciones en programas matinales (incluida la inexplicable salida sobre el cambio en la duración del periodo presidencial) se planificó y se pauteó con anticipación. Luego del bochorno de Chiguayante, el problema no es la presencia en los medios, sino la forma como se enfrentan. Por más obsesionada que esté Bachelet por interpretar las demandas ciudadanas, finalmente su labor implica generar confianzas en los partidos políticos que apoyaron su candidatura, y de paso, transmitir esa confianza a los ciudadanos. Las agendas independientes que Bachelet quiso evitar, terminaron por potenciarse al asumir su existencia a través de la prensa.

La mentalidad televisiva que debe desarrollar la presidenta tiene dos características. La primera tiene que ver con la capacidad de comunicar un mensaje de manera permanente, y así evitar el desgaste que conlleva arrastrar los conflictos de diversos actores externos al gobierno, entregando respuestas a cada uno de los temas que intentan posicionar dichos actores en la agenda. Si bien Bachelet y sus ministros hacen referencias permanentes al programa de gobierno, es difícil que la ciudadanía conozca en detalle dichas propuestas si no se dan a conocer más allá de su sola mención.

En segundo lugar, Bachelet debe comunicar sus acciones en función de los medios y sus códigos, de manera simple y precisa, dejando de lado el uso de frases heredadas de su culto al secretismo. Por eso el apoyo de sus ministros es clave, sin olvidar la existencia de algunos más o menos afiebrados. Para calmar la fiebre, es necesario que los ministros tengan libertad para comunicar las acciones de cada una de sus carteras, sin el temor de violar el decálogo diseñado luego del paro de los estudiantes secundarios.

Si las principales preocupaciones que manifestaron los chilenos en la última encuesta CEP de julio de este año fueron delincuencia (55%), salud y educación (37%), los noticieros televisivos satisfacen la necesidad de sus audiencias al transmitir principalmente información relacionada con dichas preocupaciones. Por ejemplo, de acuerdo al último estudio presentado por el Consejo Nacional de Televisión, la cobertura de la seguridad ciudadana en los noticieros del país aumentó respecto del año anterior.

Si el gobierno ciudadano fue una invitación al aumento de las expectativas ciudadanas, ahora los ciudadanos en su rol de televidentes están demandando en función de dichas expectativas. La mentalidad televisiva del gobierno se debiera enfocar tanto en sintonizar con los ciudadanos respecto de sus demandas inmediatas, como en generar confianza con los partidos políticos que lo apoyan para transmitirla a los medios y sus audiencias.

Finalmente, el secretismo con el que ha actuado la presidenta y su equipo es un mecanismo que más que aportar a una política comunicacional transparente hacia la ciudadanía, termina por generar más ruido e incomprensión en aquellos que tienen interés por comprender lo que está haciendo el gobierno.