Paulsen y el mapa mental de Schaulsohn

Los seres humanos se relacionan con el mundo a través de mapas mentales, estos son modelos que orientan la conducta del individuo en función de sus experiencias con la realidad, o lo que ese individuo considera como realidad. Esto finalmente determina, por ejemplo, la reacción de un ciudadano ante las denuncias realizadas por Jorge Schaulsohn respecto de los usos de recursos públicos para financiar a partidos políticos de la Concertación. Finalmente, y teniendo en cuenta la reciente muerte de Pinochet, los chilenos -en su rol de consumidores y ciudadanos- al parecer lo único que no toleran es la corrupción a nivel privado, y menos a nivel estatal. Es ahí donde Schaulsohn está ganando solo una batalla contra la coalición que lleva gobernando al país desde 1990. El mapa mental de Schaulsohn, está entregando insumos a la opinión pública para convertir el modelo o mapa en un voto más o menos en las próximas elecciones. Una notable columna de Fernando Paulsen, a quien el equipo de Antimedios le da la bienvenida y agradecimiento por permitir su envío, publicada el viernes pasado en La Tercera, donde valida la idea del mapa mental o "frame" que Schaulsohn está transmitiendo a los ciudadanos.

Sábado 30 de Diciembre 2006 La histeria es más fuerte Fernando Paulsen La Tercera/Opinión

Un aspecto sicológico clave para entender lo que ha pasado a raíz de la expulsión de Jorge Schaulsohn del PPD, a mi modo de ver, es la lógica del posicionamiento de conceptos en la conciencia pública. “Framing” le llama el lingüista estadounidense George Lakoff a las estructuras mentales que permiten comprender la realidad. Estos marcos o “frames”, dice Lakoff, “estructuran nuestras ideas y conceptos, ellos modelan nuestra forma de razonar e incluso influyen en lo que percibimos y en cómo actuamos. Generalmente usamos los “frames” inconscientemente, sin percibir que lo estamos haciendo”.

La “ideología de la corrupción” es un “frame” potentísimo, muy difícil de enfrentar cuando las noticias, todos los días, avalan el “frame”, simplemente con el registro cotidiano de escándalos y escandalillos, y con el proceso judicial, que hoy se puede seguir a cada paso, gracias a la transparencia de la Reforma Procesal Penal.

Schaulsohn, quizás sin quererlo, impuso un concepto fácil de entender, simple de explicar a otros, sencillo de corroborar a diario con cada noticia político-policial, porque tiene visos de realidad evidente, aunque sea injusto, falso en lo medular y lleno de estereotipos. La ideología de la corrupción es un “frame” que se instaló. Y de paso -quizás también de casualidad, aunque en la Concertación crean que fue diseño inteligente- le dio a la oposición un maná caído del cielo: el cambio de su argumentación de ataque al Gobierno desde algo que no atrae votos, la batalla contra la delincuencia, hacia algo que correlaciona mundialmente con resultados electorales, la batalla contra la corrupción.

El PPD no supo cómo enfrentar el “frame” de Schaulsohn y reaccionó histéricamente: lo expulsó, quizás pensando que hay que aguantar un tiempo de ruido, para que luego el bendito sistema binominal haga su trabajo sucio y obligue a los disidentes a volver a la rutina y la normalidad, si quieren seguir en política. El error, a mi juicio, es creer que el problema es la persona. El problema no es Jorge Schaulsohn. El problema es su “frame”. La cosa se puede agravar aún más, si Camilo Escalona traslada el drama definitivamente a toda la Concertación a través de una querella sobre el uso de gastos reservados antes del 2003, cosa zanjada, prescrita y difícilmente ilegal, de lo que puede discutirse ad eternum sin que pase nada, salvo que aflore la histeria, como está ocurriendo.

La otra receta para el desastre es la negación total: jamás hicimos nada de lo que dice Schaulsohn. Ese “nada” pone el riesgo en cualquier impulso de desafección política de quienes fueron parte de los primeros gobiernos de la Concertación, y no están dispuestos que los pauteen desde la autoridad sobre qué vieron, supieron o hicieron. Menos si son conminados a hablar ante un tribunal. Una estrategia similar usada al comienzo del Caso Coimas, que después derivó en el Mop-Gate, la negación inicial total, terminó en un fiasco que todavía no ha terminado de dañar a la Concertación.

Así las cosas, me parece que, más que razones políticas, esta semana vimos patologías siquiátricas apoderándose de las decisiones partidarias.

La histeria fue más fuerte.