Un modelo de televisión

Al Gore plantea en esta columna publicada en La Nación Domingo un modelo de televisión a través de Internet. A raíz de la nueva norma que regulará la televisión digital en Chile, bien hace tener en cuenta distintas alternativas, especialmente a la hora de pensar en la segmentación de las audiencias y las posibilidades tecnológicas que lo permitirán. Televisión para la generación Internet La Nación, Domingo 25 de Marzo de 2007

Al Gore

Current TV, un canal del que fui cofundador y que ayudé a desarrollarse y a entrar en Estados Unidos, se lanzó en el Reino Unido. Espero que ayude a revolucionar el consumo de medios en la era digital. Current TV forma parte de un impulso inexorable de los telespectadores a favor de democratizar los medios.

Desde que el “Mayflower” zarpó de Plymouth en 1620, y llegó a las costas de lo que después fueron los Estados Unidos de América, las culturas de EEUU y el Reino Unido han estado indisolublemente ligadas. Ambos países comparten una lengua común y muchas otras cosas: ideales comunes tales como la democracia y la libertad. Pero hay peligros. La democracia, principio fundacional de Estados Unidos y un legado de sociedades europeas más antiguas, está en peligro. La democracia, o gobierno del pueblo, depende de que el pueblo esté bien informado. Como una forma de comunicación, los medios son una de las mayores fuerzas, tal vez la única, que moldea nuestras ideas acerca de lo que realmente importa en nuestra vida diaria. ¿No es entonces extraño que tres cuartas partes de los estadounidenses pensaran que Saddam Hussein fue responsable por el bombardeo contra las torres gemelas de Nueva York en 2001? ¿No es raro que los canales y diarios noticiosos se obsesionen con la decisión de una estrella pop de afeitarse el cabello, cuando nuestro clima global está cambiando a un ritmo alarmante y hay personas rutinariamente torturadas en el siglo XXI? Los ciudadanos informados son parte esencial de una sociedad democrática.

A través de la rica historia de Estados Unidos y el Reino Unido, los grandes escritores han fomentado ideas debatidas por el pueblo. En Estados Unidos, Thomas Paine inició una revolución con su fogoso ensayo “El sentido común”. El filósofo de la Ilustración John Locke, quien participó en la revolución de 1688 en Inglaterra que proclamó la democracia parlamentaria, escribió: “Todo poder justo proviene del consentimiento de los gobernados”. Hoy, la televisión es el medio dominante y la forma en que la mayoría de las personas obtienen la mayor parte de su información sobre el mundo. El Reino Unido tiene una industria de periódicos ya establecida, e Internet está elaborando rápidamente su poder e influencia, pero la televisión sigue siendo el medio de comunicación dominante y es probable que siga siéndolo durante otra década más.

Pero, hasta ahora, la televisión ha sido un medio de una sola vía. Al contrario de la prensa impresa que se expandió por Europa desde que Johannes Gutenberg inventó los tipos móviles a mediados del siglo XV, la producción televisiva del siglo XX se mantuvo como el coto exclusivo de un puñado de emisores bien financiados a través del mundo. El número total de emisoras todavía es pequeño, como en Estados Unidos. Y el mercado de las ideas está distorsionado: con demasiada frecuencia, la información se ve subyugada por la entretención. Como dijo una vez el veterano hombre-ancla de las noticias de CBS, Dan Rather, “acallada y emperifollada”. Un genuino mercado de ideas debiera estar abierto a todos. Debiera ser una meritocracia, donde florezcan las mejores ideas y donde aquellos que operan en el mercado debieran tener el deber de buscar el acuerdo o consenso general. Hoy, el modelo de televisión como un medio de una sola vía, de propiedad de unos pocos, está siendo perturbado. Los contenidos generados por el usuario dan voz al espectador. Ocurrió en el Reino Unido, con ocasión de los atentados del 7 de julio en Londres, cuando las imágenes captadas por los teléfonos celulares de la gente se hicieron parte de la cobertura de los principales emisores durante los terribles sucesos de ese día.

El contenido generado por el usuario devuelve el poder a manos de las personas, permitiéndoles retomar los temas del día, en la medida en que sus voces son escuchadas y se relatan las historias que les son relevantes. Todo lo necesario para hacer una película está contenido en un pequeño cartucho y cada vez más personas aprenden a usar esta excitante tecnología nueva. Esta nueva forma de televisión es diferente de la programación tradicional: tiene formato breve (por lo general, de tres a cinco minutos de duración), es sorprendente y fascinante, al contrario de la previsible y pretederminada de los ejecutivos de TV. Current TV es televisión para la generación Internet: apunta a una audiencia entre 18 y 34 años de edad que, confiamos, contribuirá mucho a la producción de esta emisora y decidirá qué saldrá al aire, votando por programas de formato breve, o “pods”, en el sitio web del canal. Internet es una parte importante de la producción de Current TV y de su infraestructura de programación. Creemos que a medida que se consoliden las historias desde la base se generarán nuevas y vitales discusiones acerca de las cosas que afectan las vidas de las personas.

Lo que necesitamos, tanto en Current TV como en Internet, es una conversación de vías múltiples que incluya a los individuos y opere como una meritocracia de las ideas. Current TV busca incorporar a los espectadores en una conversación sobre la democracia, permitiéndoles narrar sus propias historias respecto de lo que ocurre en sus vidas en el medio dominante de nuestra época: la televisión. Y mientras Internet alcanza e incluso sobrepasa a la TV como el medio prevaleciente de comunicación, debemos asegurar que permanezca abierta y accesible para todos, sin que la opción de contenidos dependa de los proveedores específicos de servicios. Las fuerzas consolidadoras que han distorsionado el mercado de la TV aun podrían intentar controlar Internet. Con la conversación global que se está dando en Internet y, ahora, en Current TV, hay demasiado en juego para permitir que ello suceda.

The Guardian