La unión hace la fuerza

6 de Diciembre, 2007La unión hace la fuerza Arturo Arriagada I. Escuela de Periodismo Universidad Diego Portales

La salida del vocero de gobierno Ricardo Lagos Weber no es más importante que el regreso de Francisco Vidal a La Moneda. Porque el ex ministro de Lagos tendrá el desafío de comunicar a la ciudadanía cada uno de los logros de Bachelet - así como frenar los ataques de la derecha- también deberá evitar la defensa corporativa del legado del ex presidente más criticado de los últimos años. Si lo logra, Bachelet acierta al unirse al entorno de Lagos para terminar su gobierno de manera digna.

Lagos Weber nunca se sintió cómodo como vocero de gobierno, especialmente cuando el legado de su padre entraba a la discusión política. Pero también llegó a ese puesto gracias a él. Mal que mal era el hijo del ex presidente que dejó el cargo con un 70% de aprobación. En el nombre del padre, Bachelet pensó que podía mantener a raya las intenciones presidenciales de Lagos Escobar. Con ello, Lagos Weber alcanzó el reconocimiento de la opinión pública que se reflejó en positivas evaluaciones en las encuestas.

Pero no todo fue el sueño del pibe. Los problemas que tuvo ante el conflicto del Patio 29 y el caso Chiledeportes dieron cabida para los primeros cuestionamientos a su desempeño. Además, la fría relación que estableció con el director de la SECOM -y mejor amigo de Bachelet- Juan Carvajal, le significó gran incomodidad ante ciertas decisiones que eran de su dominio. Cuando Carvajal no encontró nada mejor que licitar un medio de comunicación del gobierno llamado "El ciudadano", al ver que las encuestas no marcaban en favor de la mandataria, Lagos Weber fue pasado a llevar, reflejando un conflicto interno aún no resuelto en La Moneda.

Como presidente del directorio de TVN, Francisco Vidal siguió actuando más como vocero de Lagos que como la voz dirigente del canal de todos los chilenos. La censura del programa "Epopeya" y sus pronunciamientos políticos ante temas de coyuntura, le dieron un innecesario protagonismo. Pero Vidal siempre supo que su capital político se potenciaba más cuando hablaba de la Concertación que de la industria televisiva. Por esto, su nombramiento lo vuelve a poner en el ring electoral y en un escenario incierto.

La crisis de la Concertación, el futuro del Transantiago, el candidato presidencial de la coalición de gobierno, la imagen de Bachelet ante la opinión pública y la arremetida de la derecha contra el legado de Lagos, son algunos de los temas que deberá enfrentar Vidal en su retorno a La Moneda. Pero el desafío más importante será establecer una política comunicacional que le permita dar a conocer a la ciudadanía las victorias de Bachelet y aminorar sus derrotas. Más allá de los desaciertos políticos que ha tenido el gobierno, el desorden en ideas y su posterior comunicación son el gran problema que Vidal debe solucionar.

Hay un riesgo y un acierto en la decisión de Bachelet, porque Vidal tendrá que actuar como una bisagra y como un matamoscas. Como bisagra, deberá abrir y cerrar la puerta de La Moneda para las aspiraciones presidenciales tanto de Ricardo Lagos como de José Miguel Insulza. Esto puede traer costos para Bachelet al dejar en último plano los logros de su gobierno con tal de no sacrificar la unidad de la Concertación. El acierto es que, como matamoscas, Vidal tendrá que aplastar las intenciones presidenciales de la derecha, y en eso tiene experiencia. Con ello, también podrá potenciar sus propios intereses presidenciales. Esta vuelta a La Moneda es una posibilidad para que el ex vocero de Lagos se muestre como un presidenciable más.

En este escenario, Bachelet aprendió que luego de desechar a los partidos políticos y autoimponerse la necesidad de que nadie se repita el plato, la unión hace la fuerza. Especialmente cuando la Concertación, más que concertar a sus líderes, comienza a mostrar signos de desconcierto. Y en ello Bachelet ha tenido más de una responsabilidad.