¿Yo amo a Bachelet?

12 de Diciembre, 2007¿Yo amo a Bachelet?

Al prometerle al país que su gobierno sería de un estilo “ciudadano”, Michelle Bachelet generó expectativas que la obligaron a abrir las puertas de La Moneda a todos los chilenos. Pero al reunirse con gente ligada al mundo del espectáculo en el palacio de gobierno, Bachelet confunde la empatía con la farándula. Y con ello, la construcción de un liderazgo sustentable en el tiempo.

Una marca se compone de una promesa y una experiencia. Así, la marca de un gobierno no difiere de la de un producto. Una pasta de dientes realiza la misma promesa que un candidato cuando hace campaña. La pasta de dientes promete que, si la usas, no tendrás caries. Y con ello, te invita a vivir la experiencia de lavarte los dientes, la que será distinta a la que promete la competencia. El “bacheletismo” fue la marca que la Concertación creó para enfrentar una compleja elección presidencial. En ella, Bachelet prometió que en su gobierno nadie se repite el plato, así como también más participación para los ciudadanos. Pero la experiencia no ha estado a la altura de la promesa.

En el caso de su primera promesa, Bachelet ha debido suplir inexperiencia política con repeticiones de plato. Pero si su apretada agenda le impide reunirse con ciudadanos que quieren dar a conocer sus problemas, Bachelet no debiera juntarse con el artista de turno que visita el país. Porque su promesa fue escuchar a los chilenos, la experiencia que ellos han tenido se asocia más a portazos en la cara que a reuniones en La Moneda. Bachelet se equivoca al confundir empatía con farándula. Si bien es atractivo ver a una gobernante sacándose una foto con artistas como Antonio Banderas, Penélope Cruz, Miguel Bosé, Serrat, Sting o Shakira, entre otros, los deudores habitacionales seguirán encargados de aguarle cada una de sus apariciones en público por negarles una audiencia.

Cuando el gobierno adolece de serios problemas para comunicar sus logros, con dichas acciones atenta contra el capital político de Bachelet. Ya que no cumple lo que promete, Bachelet será recordada como la presidenta de los famosos en vez de la presidenta de los chilenos. Al ser la primera mujer que gana una elección presidencial en Chile, Bachelet se ha convertido en el ícono de nuevas campañas como la de Cristina Kichner o Hillary Clinton. Pero en vez de potenciar su liderazgo con alianzas políticas a nivel mundial, sólo se ha quedado en anécdotas.

Para revertir este escenario, Bachelet tiene que tomar decisiones respecto las demandas de ciertos grupos de ciudadanos. Cuando los deudores habitacionales claman por una solución, Bachelet debe sacarse una foto con ellos en sus casas Serviu con sus deudas repactadas. Cuando los secundarios claman por mejoras en el sistema educacional, ella debe liderarlas y asistir a las salas de clases. Cuando los chilenos no entienden las victorias y acuerdos que el gobierno está logrando, Bachelet debe comunicarlos. De esta forma, su gobierno será cercano y competente, y no una promesa inconclusa que negó la invitación a los chilenos a vivir la marca del bacheletismo.

El caso de Álvaro Ballero- ese personaje que inundó las pantallas de televisión luego de su paso por un reality show- es similar al de Bachelet. Si Ballero le dijo al país que él comandaba la revolución de la televisión en Chile, Bachelet nos habló de participación e integración en las decisiones públicas. Promesas y experiencias ue no se cumplen. Cuando Ballero no logró dar el ancho con las expectativas, la televisión lo desechó. Si Bachelet no cumple lo que promete, también será olvidada por la ciudadanía. “Yo amo a Ballero” fue la frase de los cinco minutos de fama de un chileno que quiso ser famoso. “Estoy contigo” - sin cumplir el estar con nosotros- quedará en la historia como la frase de una mujer que, sin querer queriendo, terminó siendo presidenta de todos los chilenos.