"La prensa no puede prostituirse por el público"

Revista Capital No 219, Diciembre de 2007.David McCraw Abogado vicepresidente del New York Times “La prensa no puede prostituirse por el público”

Puede que el New York Times ocupe el tercer lugar entre los diarios más leídos de Estados Unidos, pero su influencia en la clase política es indiscutible. Conscientes de este prestigio, el Times se la juega constantemente por acceder a toda la información, incluso aquella que importuna a los gobiernos de turno. Detrás de esa lucha hay un hombre: David McCraw, quien conversó en Lima, Perú, con Arturo Arriagada.

David McCraw es lo más parecido en físico y espíritu al clásico abogado de película norteamericana. Alto y de hablar pausado, en cada frase que pronuncia se refiere a la ley y la libertad de información como su mejor argumento. Así fue como al mando del equipo de abogados del New York Times (NYT), en el verano de 2002, presentó una demanda contra el Estado de Nueva York para indagar en el actuar de policías y bomberos durante el atentado contra las Torres Gemelas. Luego de diversas batallas, el Times logró conocer el testimonio de bomberos que casi pierden la vida porque no les avisaron que las torres estaban a punto de colapsar. También, en 2006, demandó al Departamento de Defensa de EE.UU. logrando desclasificar información respecto al espionaje de comunicaciones privadas de ciudadanos estadounidenses y extranjeros después del 11-S. Con ello, McCraw se ganó el odio furioso del presidente George Bush, quien calificó el hecho como un “acto vergonzoso”.

Cuando en Chile está pronto a votarse el proyecto de Ley de Acceso a la Información Pública –que regula, entre otras cosas, la transparencia y publicidad de la información proveniente de los organismos estatales- esta conversación con McCraw puede ser inspiradora para periodistas que no han podido terminar y publicar sus reportajes por no obtener información del Estado. Pero también para ciudadanos deseosos de fiscalizar el actuar de autoridades y gobernantes.

-En un contexto de guerra contra el terrorismo por parte de Estados Unidos ¿Cuál es su visión respecto a la libertad de expresión e información en ese país? -Creo que los EE.UU., en comparación con otros países, tiene una gran libertad de acceso a la información. La administración de Bush ha estado muy preocupada de la seguridad nacional y como resultado ha tendido a mantener más cosas en el secreto que sus predecesores. Esto le ha generado al NYT dificultades para obtener información. Nuestra convicción es que, por más que se apele a la seguridad nacional, aquello relacionado con el debate político no puede mantenerse en secreto. En 2005 el NYT publicó un artículo sobre las grabaciones secretas de conversaciones telefónicas por parte del gobierno luego del 11-S. El enfoque de esa investigación era indagar sobre la ilegalidad del asunto y, en particular, por qué para el gobierno de Bush eso era lícito. Nosotros creemos que esa información debiera ser pública, porque es información que no tiene que ver con aspectos relacionados con la tecnología, por ejemplo. Luego, al ser denegada la información por parte del Departamento de Defensa, presentamos una demanda. No sabemos cómo terminará el juicio, pero la Corte dio un plazo para que el organismo nos dé una respuesta. Históricamente, los gobiernos en tiempos de crisis quieren tener más control y poder, pero nuestro rol como periodistas es testear ese poder. Para eso hay una corte que decidirá si estamos equivocados o no.

-En Chile, próximamente, se votará el proyecto de Ley de Acceso a Información Pública, pero hace poco el Senado rechazó una norma que los obligaba a rendir cuenta pública de su gestión. ¿Cuáles son las ventajas de estos instrumentos legales para las democracias? ¿Entrega un mayor poder de fiscalización? -El acceso a la información es un medio y no un fin. Buenas cosas ocurren en sociedades transparentes cuando existen leyes de acceso a la información: se fortalecen las democracias, se frena la corrupción, se generan incentivos para que la gente confíe en el gobierno, entre otras consecuencias. Para que las personas confíen en el gobierno, ellos deben rendir cuentas públicas de su gestión. Hay muchos estudios que señalan que en los países desarrollados la transparencia está relacionada con el desarrollo económico, ya que la gente quiere invertir en países donde sientan que serán tratados de manera justa, con regulaciones claras. Todos esos factores fortalecen la democracia, mejoran el actuar de los gobiernos y generan tranquilidad en la ciudadanía. Cuando los gobiernos, por ejemplo, regulan a los medios de comunicación, destruyen su credibilidad y la de los medios, la gente no le cree a esos medios, porque están regulados por el gobierno. El instinto natural de los gobiernos al estar bajo presión es pensar que una prensa libre va a desestabilizarlos. No estoy seguro si hay evidencia para probar eso.

-Actualmente, el NYT, en conjunto con otras organizaciones como Associated Press, están solicitando al gobierno información respecto a los presos en la cárcel de Guantánamo. ¿Cómo se ha desarrollado ese proceso, que es uno de los temas más sensibles para el gobierno de Bush? -Estamos liderando un grupo de medios de prensa para obtener información de los juicios que se están llevando a cabo en la cárcel de Guantánamo. Queremos saber los nombres de la gente que ha quedado detenida allí y los procesos en su contra. ¿Estos procesos debieran ser públicos? Claro que sí. El gobierno, lejos de permitir a los reporteros viajar a Guantánamo y ver los procesos, señaló que no podía entregar esa información porque los militares tenían que proteger la privacidad de los detenidos. Hay muchas críticas a Guantánamo y esta es la posibilidad que tenemos para mostrarle al mundo que la gente puede acudir a una audiencia justa. El problema es que ninguno de los documentos ha sido liberado. Si un abogado hace una moción para excluir evidencia o para desclasificar información, nunca vamos a poder saberlo. No hay documentos al respecto y no sabemos cómo se han tomado las decisiones respecto a los juicios y detenidos.

-Hace pocos meses, y en plena transmisión por Internet del popular festival de música Lolapalloza en EE.UU., la compañía AOL cortó la señal a raíz de los dichos de un grupo de rock contra el gobierno de Bush. Luego de las disculpas públicas de la compañía, el video sin cortes fue subido por ciudadanos a YouTube ¿Qué opina de este tipo de conductas por parte de los medios de comunicación en su país? -Hay que distinguir cuando la censura viene del gobierno y cuando una compañía decide censurar a priori. Si bien para las audiencias el resultado es el mismo, desde el punto de vista legal hay diferencias. En Estados Unidos las transmisiones deben tener una licencia y en esta administración se han puesto estándares relacionados a la publicación de contenidos que atenten contra lo permitido. Por ejemplo, se da en el caso de la televisión cuando muestran escenas obscenas o relacionadas a la guerra que pueden ser ofensivas para los ciudadanos. En Internet no hay regulación ni licencias. Cuando hablas de la decisión de las compañías, creo que es un mal precedente el invocar razones de gusto o preferencias políticas. La mayoría de los medios estadounidenses valoran su independencia del gobierno.

El futuro de los medios y las audiencias masivas

-Un reciente estudio del Pew Institute muestra que en los últimos 20 años los estadounidenses siguen muy de cerca las noticias relacionadas a la guerra y al terrorismo. Por otra parte, afirma que para los ciudadanos no es tan importante el rol fiscalizador de los medios. Siendo ustedes uno de los periódicos más influyentes de EE.UU. ¿cómo monitorean las pre ferencias de las audiencias a la hora de crear noticias? -Tradicionalmente los diarios, a diferencia de la televisión, no están determinados 100% por el marketing. Creo que nuestro rol como periodistas es decir la verdad respecto a nuestra realidad y no halagar constantemente a nuestra sociedad. No podemos estar determinados por el sentir de la gente, por ejemplo, poniendo sólo noticias buenas o que agraden a los lectores. Obviamente, con Internet la democracia se fomenta. Los lectores comentan nuestras historias, las critican y cuestionan nuestro reporteo. El resultado de esto es que si bien hay más información, no estoy seguro que ella esté orientada por el marketing.

-Pero me imagino que ustedes quieren vender más diarios… -Cierto, pero por suerte estamos en una posición donde no sentimos una enorme presión de vender más diarios. Aunque usted no lo crea, hemos reducido nuestra circulación intencionalmente porque nuestros avisadores quieren llegar a un selecto grupo de lectores. Los cambios económicos han afectado la lectoría y el avisaje. Creo que los diarios tienen que vender más siendo responsables con sus públicos. La prensa no puede prostituirse por el público. Tengo la fe de que la gente ve eso, y así esto se convierte en un buen negocio.

-Este año el NYT en Internet liberó su contenido reservado a suscriptores, específicamente las columnas de opinión. En un contexto donde la información se entiende como gratuita en Internet ¿qué futuro le ve a la industria, y a la información como producto, especialmente con la explosión de la Web 2.0 y sitios como Facebook o MySpace? ¿Cómo un diario puede ganar dinero? -Si tuviera la respuesta seríamos millonarios. Creo que todavía hay algunas dudas respecto a la efectividad de Internet como medio para obtener ganancias a través de la publicidad. En Internet hay cierta clase de publicidad que funciona brillantemente y otra que no funciona tan bien como en un diario. Un ejemplo de ello es la publicidad política en el sitio web del Times. Los candidatos, al avisar en nuestro diario, le hablan a una audiencia educada y a la que le interesan las noticias. Es inevitable que tengas diarios convertidos más en centros de información que sólo en diarios. Si ves la cobertura del Times de la campaña electoral en Internet, es fabuloso porque tienes acceso a las encuestas, las agendas de los candidatos, sus discursos, etc. y todos opinan respecto a eso. Creo que el secreto está en cómo esa información se organiza, si tienes mucha información la gente se puede enredar o no leerla. El contenido libre es inevitable. Económicamente es más rentable cobrar por la búsqueda del contenido más que por el contenido en sí. Para el NYT es más rentable que el contenido de sus columnistas y editoriales esté disponible para todos en los buscadores.

-¿Y cuál es el rol de los periodistas en este nuevo escenario mediático? ¿Cómo se combina el rol social del periodismo con la lucha por la masividad de las audiencias? -Me parece que las empresas mediáticas tienen que tratar todos los temas y para todos. Internet en parte permite hacer eso. Creo que en ciertas partes los diarios continuarán teniendo una audiencia masiva. Eso se observa cuando, por ejemplo, alguien se pregunta ¿quién ganará la elección presidencial? Ahí los diarios son clave. Por otra parte, hace poco celebramos el día de acción de gracias y CNN reporteó que para saber cómo cocinar el pavo para la cena, la gente tenía que ir al sitio del Times y ver un video donde se enseñaba cómo hacerlo. Internet permite eso y, junto con eso, también podemos poner grandes historias. El secreto es cómo organizas esa información. Cuando ves nuestro sitio web podrás encontrar algún tema de tu interés. El desafío para las grandes empresas mediáticas es continuar con las historias para audiencias masivas, pero al mismo tiempo prestar atención a aquellas más específicas. Esto, porque creo que el mercado publicitario se está especializando también. En el Times puedes encontrar información para audiencias específicas, pero también información sobre la elección presidencial.

* Arturo Arriagada I. es periodista y egresado de sociología. Académico de la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales.