Palabra de mujer

30 de Diciembre, 2007Palabra de mujer La Nación Domingo Arturo Arriagada

Cuando Michelle Bachelet ganó la elección presidencial en 2005, los chilenos se colgaron la banda presidencial. Como la gracia de su campaña fue empoderar a los ciudadanos invitándolos a construir una sociedad más justa e inclusiva, en sus dos años restantes de mandato Bachelet deberá cumplir con su palabra. Así será recordada por logros más importantes que el sólo hecho de ser la primera mujer que pisó La Moneda.

Bachelet como gobernante ha perdido el encanto que tuvo como candidata. Llegó a La Moneda de la mano de un liderazgo distinto, más horizontal que el de su antecesor. Y fue ese rasgo el que la llevó a casarse con frases del tipo “nadie se repite el plato”, “paridad de género” y “Gobierno ciudadano”. Si bien el resultado de estas propuestas es cuestionable, faltar a su palabra le ha costado a Bachelet disminuir sus niveles de confianza y cercanía hacia los chilenos.

En diciembre de 2006 –de acuerdo a la encuesta CEP -un 50% de los encuestados consideraba a Bachelet como una gobernante “cercana” y un 62% como una gobernante “confiable”. Pero en junio de 2007, un 41% la encontraba cercana mientras le daba confianza a un 49%. Y ya en diciembre, las cifras alcanzaron un 37% y un 48%, respectivamente.

Las crisis políticas y comunicacionales, que van desde el paro de los secundarios hasta el Transantiago, le han impedido a Bachelet dar a conocer la hoja de ruta de su gobierno. Y de paso olvidarse de las frases con las que inició su mandato. Cuando sus preocupaciones están en la impronta social de su Gobierno, le quedan dos años para decirle a la opinión pública que no volverá a romper con su palabra. Las reformas previsional, educacional y políticas, más las mejoras en el sistema de salud y las conclusiones que arroje el Consejo de Equidad, serán logros que deberá comunicar sin conflictos ni descoordinaciones. Bachelet deberá alinear a su gabinete en torno a estos temas, cambiando a los que no posean las habilidades –políticas y comunicacionales- para subirse al carro. Esto significa no contar con una ministra de Educación que miente sobre sus puntajes en la PAA, en plena época de postulaciones a las universidades.

Durante la campaña presidencial Bachelet representó el cambio y la continuidad de los gobiernos de la Concertación, pero por sus frases iniciales al asumir como gobernante, generó desconfianza en la coalición que la apoyó. Por ello, en los dos años que le restan, Bachelet debe construir confianzas. En primer lugar, impulsando el cambio representado en las reformas que está llevando a cabo. Y en segundo lugar, abrazando la continuidad del consenso para potenciar la economía social de mercado, factor clave en la unidad concertacionista. Sin la confianza de la Concertación y la ciudadanía, Bachelet no podrá entregarle la banda presidencial a uno de sus aliados.

Como candidata, el liderazgo de Bachelet también tuvo su fuerte en la empatía que generó con los ciudadanos a través de los medios. Por eso en los dos años que le quedan, Bachelet debe fomentar que los medios -los mismos que generan más confianza en los chilenos que los partidos políticos- fiscalicen si cumplió con lo prometido en su programa.

Como candidata, Bachelet logró cambiar el paradigma que dice que la única palabra de confianza es la del hombre. Es sabido que la del ex presidente Lagos que prometió darle una nueva cara al transporte público de Santiago no se cumplió. Como gobernante, el desafío de Bachelet en los dos años que le quedan de gobierno, es cumplir con su palabra de mujer. La Concertación y la opinión pública se lo agradecerán.