Kramer-Piñera y el edutainment político

2 de Marzo, 2008La Nación Domingo Kramer-Piñera y el edutainment político Arturo Arriagada Universidad Diego Portales

Cuando hoy la política se desarrolla principalmente a través de los medios de comunicación, la imitación del candidato Sebastián Piñera por el humorista Stefan Kramer en el Festival de Viña del Mar inevitablemente afecta la imagen pública del candidato RN. Después que Kramer exitosamente, y ante la aprobación del público, sintetizó el mensaje de Piñera como un “quiero su voto, y si no, se los compro”, Piñera sabe que tiene un problema de imagen y discurso que necesita corregir.

Llegando en avión a la Quinta Vergara, hablando de sus empresas y sintetizando todas sus ideas en un “se lo compro”, Kramer reflejó los problemas que tiene la “locomotora” para cautivar al electorado chileno. Las ansias de poder, su condición de empresario y sus ganas de acercarse a la “clase media” -autocalificándose como miembro de ella cuando fue criado en un colegio privado y en las mejores universidades del país y el extranjero– demuestran que lo que Piñera dice no necesariamente refleja lo que Piñera es. Y fue la opinión pública –representada por los televidentes y el público de Viña– la que reconoció esos rasgos durante la imitación del humorista.

El peak de 61 puntos de rating que obtuvo –a las 0:49 de la mañana– la actuación de Kramer en Viña, significa que 2.825.825 personas vieron en pantalla las distintas facetas de Sebastián Piñera. Pero como el rating final no ha sido público –porque no sabemos si fue del tipo “hogar” o “persona”– también se podría calcular que 703.574 hogares tenían encendido el televisor a esa hora. En este contexto, los números evidencian el impacto que podría tener el humor en las intenciones presidenciales del abanderado de RN.

Pero como Piñera sabe comunicar sus ideas, aunque en una tribuna distinta a la de Kramer, al día siguiente de la imitación dijo que se había reído, pero que lo importante en esto no era la plata, sino llegar a La Moneda. Entonces ¿cómo enfrentar este problema de imagen y discurso para lograr su objetivo? En primer lugar, Piñera debe asumir que aspira ser un candidato presidencial en función de las necesidades del país, y no como una consecuencia de sus ansias de poder o su interés por el “servicio público”. Cuesta creer que alguien quiera ser un servidor cuando ha dedicado gran parte de su vida a ser un emprendedor. Y por eso se equivoca también al hablar de su clase social. Acá el tema no es si proviene de la clase media, alta o baja. Tampoco su éxito como empresario. Eso que lo digan sus empleados, socios y colaboradores. Ya que temas como el mejoramiento de la salud, la educación y la seguridad son las preocupaciones que afectan a los chilenos según las encuestas, Piñera debe orientar sus discursos a esas preocupaciones.

En segundo lugar, Piñera debiera comunicar de mejor forma que ya no es empresario y que su trabajo es ser un político desde su partido, Renovación Nacional. Si bien después del fallo de la Superintendencia de Valores y Seguros por el uso de información privilegiada el empresario renunció al directorio de LAN, ese esfuerzo no ha generado resultados. La razón es que Piñera sigue obsesionado por cubrir todos los frentes en su rol de empresario y que no necesariamente aportan a su capital político. Su participación en medios de comunicación (Chilevisión), en temas medioambientales (Parque Tantauco), en la industria de las encuestas de opinión pública (Fundación Futuro) y en el negocio del fútbol (Colo-Colo), son algunos ejemplos de distintos roles que Piñera ha desempeñado desde la elección presidencial de 2005. No porque su equipo de fútbol gane más campeonatos o porque su canal de televisión sea el más visto, los chilenos van a darle más votos. Éstos lo asocian más a un empresario que a un político que aspira ser presidente de Chile. Por eso la gente se ríe e identifica los problemas de imagen de Piñera cuando Kramer habla de la “mano de obra” y los “asalariados”.

Más entretención, más información

El humor en tiempos de elecciones también ha acompañado la reñida campaña electoral en Estados Unidos. Recién esta semana el candidato demócrata Barack Obama fue imitado en el popular programa de humor “Saturday Night Live” (SNL). Recién, porque en noviembre de 2007 una parodia a Hillary Clinton contó con la presencia en vivo y en directo del candidato “yes we can”. En esa ocasión, la participación de Obama se interpretó como un apoyo tácito de SNL a su candidatura. El comentario era esperable ya que la parodia a Clinton se centró en rasgos como la frialdad y ambición que transmite (de hecho, en la parodia su marido Bill se refería a ella como “bruja”). Además, Obama sacó partido a ese momento y subió a su sitio web el video con su aparición en televisión. Pero como dice el dicho, al que le toca le toca. Por ello, hace unos días el programa recreó un debate presidencial con Hillary Clinton y Barack Obama, con la gran incógnita sobre el tipo de parodia que harían de este último. Pero más que una imitación de contenidos, la recreación de SNL del candidato afroamericano se centró en sus formas de dirigirse al electorado, su pronunciación, y la emotividad y  entusiasmo que transmite en su campaña. Lo relevante es que el rating del programa fue de 6,1 puntos a nivel nacional, el más alto obtenido desde febrero de 2006. Ya que en EE.UU. un punto corresponde a 1.128.000 hogares, SNL fue sintonizado por 6.880.800 hogares.

En un contexto mundial donde la confianza de los ciudadanos hacia la clase política es baja, la actuación de Kramer fue un ejemplo de “edutainment político” (la contracción de education y entertainment). Si bien en Chile las personas confían en la información que entregan los medios de comunicación, éstos acostumbran a informar en términos de escándalos y conflictos. Pero la imitación de Kramer presentó una manera distinta de informar a través de códigos compartidos y valores, mezclando la entretención y la educación. Edutainment que a través de los medios enfrentó a miles de personas con los problemas de imagen y discurso de Piñera. Pero a diferencia de un recital o un partido de fútbol a estadio lleno, el edutainment sucedió en el hogar de miles de chilenos que lo presenciaron a través de la televisión. Los mismos que en la oficina o el café intercambiaron al día siguiente sus visiones de mundo y socializaron sus experiencias. Aunque sería interesante saber quién de ellos votará por Kramer-Piñera.

* Para más información sobre el edutainment, revisar el artículo de Cristóbal García ("Ciudadanía Corporal y Mediática", Revista Universitaria 84, 2004)