Salir del closet

7 de Agosto, 2008Salir del closet Arturo Arriagada Escuela de Periodismo Universidad Diego Portales

En Chile ver a artistas apoyando a políticos en periodos electorales es un símbolo más propio de la Concertación que de la Alianza. Lo que en EE.UU. se conoce como "endorsement" -el respaldo de personalidades del espectáculo a candidatos en tiempos de campaña- es una herramienta que la derecha chilena debiera explorar. Aunque la democracia promueve este tipo de instancias, en Chile todavía cuesta imaginar que los artistas salgan del closet para apoyar a Piñera.

Cuando Joaquín Lavín apareció en 1999 acompañado por la cantante Myriam Hernández en sus actos de campaña, muchos pusieron cara de asco. Era la primera vez que una artista de gran popularidad se abanderaba con un político de derecha en el Chile post Pinochet. Y si bien la letra de su canción más popular -El hombre que yo amo- funcionaba como una especie de jingle del entonces candidato presidencial, ninguno de los dos se vio beneficiado por la colaboración. La prensa criticó el ingreso de Hernández a la política y Lavín no logró llegar a La Moneda. Lo mismo ocurrió en 2005 cuando Lavín reclutó al actor Vasco Moulian. El director de teatro infantil más exitoso del país provenía de una familia tradicionalmente asociada a la izquierda, lo que fue despreciado por los medios y el mundo de la cultura.

En la carrera por la presidencia de EE.UU., la popular animadora de televisión estadounidense Oprah Winfrey -una especie de Don Francisco gringa- irrumpió en la campaña de ese país llamando a votar por el candidato demócrata Barack Obama. Una reciente investigación de la universidad de Maryland demostró que el apoyo de Winfrey le permitió a Obama captar alrededor de un millón de votos. Es lo que los gringos llaman "endorsement", es decir, el respaldo de figuras públicas reconocidas por la opinión pública a candidatos políticos sedientos por captar nuevos adherentes.

En Chile tanto en dictadura como en democracia, los medios de comunicación - especialmente TVN - han sido una importante plataforma para convertir a los artistas en actores influyentes. Si bien es común asociar a los artistas con ideas más liberales que conservadoras, los casos de "respaldos" de figuras provenientes del mundo cultural y artístico se han convertido en un capital más propio de los candidatos de la Concertación que de la Alianza.

Aunque en la franja del Sí aparecieron cantantes como Rodolfo Navech, Patricia Maldonado, Los Huasos Quincheros, Paz Undurraga o Antonio Zabaleta, sus voces no sumaron votos para que Pinochet siguiera en el poder y tampoco trascendieron artísticamente después de lo ´90. En tanto los actores y músicos que aparecieron en la franja del No y en las posteriores campañas de la Concertación, son los mismos que han aumentado el consumo cultural de los chilenos -en parte- gracias a la difusión que han tenido en los medios. Algunos ejemplos exitosos de "endorsement" concertacionista son los del grupo de teatro Ictus llamando a votar No, el actor Pancho Reyes apoyando al entonces candidato Ricardo Lagos, hasta Álvaro Henríquez haciendo lo suyo con Bachelet.

Independiente de la realidad electoral de cada país, un "respaldo" exitoso depende de la masividad y aceptación por parte del electorado del personaje que lo realiza. El "endorsement" en Chile refleja que los artistas que apoyan a la Concertación al parecer tendrían una trayectoria artística más reconocida por la ciudadanía, permitiéndoles transmitir mejor su mensaje al electorado. En ese acto de respaldar también hay una apuesta del artista para aumentar su propio rating. Tiene onda ver a un rockero apoyando al candidato de turno, no así al rockero apoyando a un candidato que está en contra de la "píldora". Si bien la Concertación puso de moda el apoyo del mundo de la cultura y las artes -como ellos mismos lo bautizaron-, también se anotó una gran victoria. Los casos de Myriam Hernández y Vasco Moulian reflejan la tensión que genera en la opinión pública que un artista se vincule con posiciones políticas de derecha.

En este contexto, el desafío para la derecha chilena es lograr el "endorsement" de alguien como Oprah. Así podrá aspirar a ampliar el perfil de adherentes en una futura elección presidencial cada vez más incierta. Por ello, Sebastián Piñera debiera estar más interesado en obtener el respaldo de Felipe Camiroaga o Don Francisco - los animadores más populares del país- que el del presidente de Colombia. Pero todavía es mayor el costo para Camiroaga sacarse la foto con Piñera. Porque en Chile -a diferencia de EE.UU.- la cultura del "endorsement" es un símbolo propio de la Concertación, cuyo antecedente histórico está en la campaña del Sí y el No, lo que ha sido mérito de la coalición de gobierno debiera ser un incentivo para la Alianza. Esto con el fin de sacar del closet a aquellas figuras del espectáculo cuyo apoyo puede valer más que un millón de amigos en Facebook.