Mentalidad Televisiva

Una gran reseña de Francisco Javier Díaz -asesor del 2do piso de La Moneda- del libro de Al Gore "The Assault On Reason" publicada en revista Qué Pasa. Aunque Díaz se esconda en Gore para decir que la televisión atenta contra la calidad de la política, en Chile muchas veces la responsabilidad está más cerca de La Moneda que de Inés Matte Urrejola. Cuando el vocero de Gobierno dice que "pasamos Agosto" y la presidenta critica "en los medios" a los parlamentarios que quieren llenar sus estanques de bencina con la poca plata que le queda a los chilenos, demuestra que la clase política muchas veces hace mal su pega. Sin televisión, probablemente Michelle Bachelet no sería presidenta.

Sábado 16 de agosto de 2008 Biblioteca QP Mentalidad televisiva

Al Gore habla de la TV en este libro. Nada peor, según él, que la comunicación sin sustancia. Nada peor que el sound-bite sin sentido. Nada peor que los 30 segundos de propaganda electoral o los pocos minutos del noticiero. La televisión podrá ganar elecciones, es cierto, pero le hace mucho mal al debate, así de sencillo.

Por Francisco Javier Díaz

Léanse ésta: "La codicia y la riqueza se reparten el poder en nuestra sociedad, y ese poder es utilizado a su vez para aumentar y concentrar más riqueza y poder en manos de unos pocos". O esta otra: "Ahora que las multinacionales pueden dominar la expresión de opiniones que inundan las mentes de los ciudadanos...". Tortura, desprecio a las instituciones, guerra, propaganda, manipulación de opinión pública, intereses especiales. Dogmatismo, miedo, mentiras, secretismo. ¿De quién son estas palabras? No de Naomi Klein ni de Noam Chomsky. Son del senador y ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore.

Este es el típico libro que uno comienza leyendo sin mucho entusiasmo, pero que a poco andar no puede soltar. Lo que uno esperaba de este texto era un ataque electorero al gobierno de Bush. Mal que mal, fue publicado en 2007, cuando Gore era todavía una carta viable para las elecciones presidenciales de este año.

Pero la verdad es que el libro sorprende, porque es mucho más que una crítica al actual gobierno: plantea un argumento interesante, lo relata bien, presenta evidencia tan sabrosa como apabullante y lo deja a uno sencillamente rendido al llegar a las conclusiones.

Gore sostiene que de manera alarmante el debate político en Estados Unidos ha ido perdiendo calidad y profundidad. Según él, es el debate razonado -el que se basa en la argumentación lógica y, ciertamente, en la verdad y la evidencia- lo que sostiene a la democracia norteamericana. Esta es producto del triunfo de la ilustración por sobre el dogmatismo y de la fe revelada; es el triunfo de la ley por sobre el poder divino entronizado en un monarca. Por tanto, al debilitarse el aspecto deliberativo de la democracia, lo que está en riesgo es la democracia misma, por más que se sigan sosteniendo elecciones de manera regular. Y peor aún: ese debilitamiento de la razón da pie para transgresiones a los derechos civiles, a la captura del gobierno por parte de los intereses especiales, a la desinformación general y al retroceso de la libertad, todo lo que a su juicio ha sucedido como nunca antes bajo el actual gobierno de EE.UU.

Por eso es que el libro se hace interesante de leer: el argumento central es potente. Gore asigna un papel crucial en el debilitamiento de la razón a la televisión y a la manera que ha tomado la comunicación política en Estados Unidos (y Occidente). Nada peor, según él, que la comunicación sin sustancia. Nada peor que el sound-bite sin sentido. Nada peor que los 30 segundos de propaganda electoral o los pocos minutos del noticiero. La televisión podrá ganar elecciones, es cierto, pero le hace mucho mal al debate, así de sencillo. Claro, otros lo han dicho antes, como McLuhan, Bobbio, Sartori o Westen, entre muchos otros. Lo novedoso es que es un político el que lo dice ahora.

La primera parte del libro se introduce en la serie de estímulos psíquicos que genera la imagen televisiva. Uno no sabe si será correcto lo que allí se señala (al menos Gore tiene la decencia de citar los papers científicos en que se basa), pero el argumento es convincente. La televisión efectivamente tiene un cierto poder hipnotizador y, dentro de las reacciones que mejor genera, está el miedo. Televisión y miedo van de la mano, al menos neuronalmente. El paso para utilizar el miedo políticamente es breve y eso es lo que ha ocurrido en el gobierno de Bush, donde incluso se justificó una guerra sobre la base del miedo por hechos falsos.

Gore entrega decenas de ejemplos de manipulaciones y engaños al público estadounidense que se han dado bajo el gobierno de Bush -y que él conoce de primera mano-. Son tantos los engaños, que uno llega a sorprenderse de la capacidad de inventar mentiras de algunos y la capacidad de creerlas de otros. Y claro, la pregunta es cuántas veces no se habrá creído uno mismo aquellas falsedades.

Para el que se quiera entretener, es un buen libro, porque siempre divierte leer acerca de conspiraciones y maquinaciones políticas. Para el que quiera aprender algo, también es buen libro, porque cada dos párrafos Gore hace una cita a algún prócer, desde Plutarco hasta Habermas, todas muy ilustrativas, pero muchas abiertamente innecesarias. Para el que quiera entender de política moderna, es un buen libro, porque de un plumazo y casi con rabia, Gore dice que el espacio para los ideales es cada vez más reducido en el mundo de la política televisiva.

Pero hay una voz de esperanza hacia el final del texto. Gore dice que con el correr de las décadas, la televisión será vista sólo como una transición entre el medio impreso e internet. Señala que en la combinación de imagen y lectura de internet, más la democrática posibilidad de transmitir mensajes por la web sin necesidad de ser millonario, se dará el renacer de la razón y la política deliberativa.