Sobre Chile Transparente y la estatua del Papa

Dos columnas sobre Chile Transparente publicadas en reportajes de La Tercera y El Mercurio, respectivamente. La primera de Eduardo Engel que tiene un excelente inicio poco visto tanto en los artículos como en las columnas de opinión sobre el caso que afectó a LAN y a Sebastián Piñera. La segunda de Carlos Peña donde resume a la elite chilena en tres palabras: desprolija, promiscua y pretenciosa. Tengo la ingenua sensación que el caso de Chile Transparente puede ser el inicio de un cambio cultural que fomente la transparencia y la competencia tanto en el sistema político como en el de medios de comunicación. Para ello es necesario que los actuales candidatos presidenciales propongan iniciativas que fomenten esas transformaciones. Así quienes detentan el poder político tendrán la certeza que hay un grupo de medios que fiscalizan sus acciones constantemente. En tanto los medios podrán aspirar a mejorar sus niveles de confianza ciudadana y - por qué no- de ventas.

Si no pasa nada con el caso de Chile Transparente, significa que son pocas las posibilidades de generar cambios que mejoren el funcionamiento de la democracia y las instituciones en Chile. De esta forma tendremos más casos como el de Sebastián Piñera -y lo que es más preocupante- más casos como el de la estatua en honor a Juan Pablo II. Seguiremos sin saber de qué manera se toman ciertas decisiones, con qué objetivo, con qué recursos y sin posibilidad alguna de cambiar el curso de ese tipo de acciones.

Saludos,

A.

 

El candidato y la informacion privilegiada

Eduardo Engel* | 10.04.2009 | La Tercera

A las 15.30 del 24 de julio de 2006 concluyó la reunión del directorio de Lan donde se aprobaron los estados financieros del primer semestre de ese año y se acordó los dividendos a repartir. Entre los directores que asistieron estaba Sebastián Piñera, quien 29 minutos más tarde compró tres millones de acciones de la empresa. Luego de que los estados financieros se hicieran públicos al día siguiente, las acciones de Lan subieron 110 pesos, lo cual se tradujo en una ganancia de 330 millones de pesos para el afortunado comprador.

Teniendo en cuenta lo anterior, el 6 de julio de 2007 la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) aplicó al empresario una sanción de UF 19.470 por "infracción al deber de abstención" al haber comprado acciones de Lan "contando con información privilegiada". Piñera decidió no apelar y pagó la multa.

Lo más probable es que quienes vendieron sus acciones a Piñera se habrían abstenido de hacerlo si hubiesen conocido la información que tenía el directorio en ese momento. Porque cada vez que alguien con acceso a información privilegiada hace una ganancia, hay una contraparte que hace una pérdida de igual magnitud. La situación es más grave, porque los accionistas minoritarios e inversionistas extranjeros son renuentes a invertir en mercados accionarios poco transparentes, lo cual termina encareciendo el financiamiento de las empresas, reduciendo su inversión y la creación de mejores empleos.

En su defensa, Piñera argumentó que es discutible que los estados financieros contengan información privilegiada. Este argumento me parece impresentable. Los estados financieros contienen información que puede ser mejor, igual o peor que lo esperado por el mercado. Si es mejor, la acción subirá, si es peor, caerá. Aun si es igual, saber con certeza que no hay novedades constituye una ventaja respecto de quienes estiman que es así, pero no están seguros al respecto.

Un segundo argumento que utilizó Piñera fue que la controvertida compra de acciones fue sugerida por el modelo con que maneja sus inversiones en Lan, modelo que no utilizó la información revelada en los estados financieros. Este argumento es prácticamente imposible de refutar, porque dado un patrón de compraventa observado, no es difícil construir un modelo consistente con dicho patrón.

Es así como la distinción entre "utilizar información privilegiada" y "comprar poseyendo información privilegiada" es de poca relevancia en la práctica. Motivo por el cual las legislaciones de varios países desarrollados prohíben que los directores de empresas realicen transacciones antes de hacerse públicos los estados financieros. Porque existe una variada gama de opciones para presentar una transacción que utilizó información privilegiada como una que no consideró dicha información y detectar martingalas de este tipo es prácticamente imposible.

¿En qué pensaba Piñera cuando decidió comprar acciones de Lan antes de que se conocieran los resultados financieros de la empresa? Ya había sido candidato presidencial y evidentemente pensaba postular de nuevo. Lo sucedido sugiere, en el mejor de los casos, una falta de criterio grave. Dos destacados partidarios le sugirieron, en columna publicada en este diario en mayo, que venda Chilevisión y se deshaga ya de sus acciones en Lan para evitar conflictos de interés evidentes. ¿Por qué no sigue estos sabios consejos?

Conviene analizar lo que dice el Informe de Transparency International (TI) publicado hace poco más de una semana sobre la compra de acciones de Piñera a la luz de lo expuesto anteriormente. Los puntos de fondo me parecen válidos. Se establecen los hechos, se menciona los principales argumentos de la SVS y la defensa del empresario. En lo formal hay afirmaciones innecesarias, por ejemplo, cuando se afirma que se trata de uno de los hombres más ricos de Chile. Sin embargo, si se eliminan estas afirmaciones el informe sigue siendo una fuente potencialmente atractiva para quienes quieren ilustrar el pobre manejo del candidato de la Alianza de los conflictos de interés que nacen de su actividad empresarial.

Este episodio también ha puesto de manifiesto el gran desafío que significa definir el modus operandi de una organización no gubernamental como Chile Transparente. Mucho se ha comentado que el directorio no conoció el informe antes de su publicación. Sin embargo, la solución no pasa porque el directorio apruebe dichos informes. Una institución de este tipo no puede cumplir su misión sin incomodar, una y otra vez, a quienes detentan el poder en nuestra sociedad. Si en el futuro los informes de Chile Transparente que sirven de insumo para los informes anuales de TI van a ser aprobados por el directorio, seguramente se termine optando por no ofender ni al gobierno ni a la oposición y esta organización habrá perdido su razón de ser.

La reacción de los partidarios de Piñera a propósito de este episodio me parece destemplada. Han utilizado todo el poder de que disponen para atacar y desprestigiar a quienes ven como parte de un complot para evitar que su candidato gane la elección presidencial. Han argumentado la existencia de conflictos de interés de todo tipo luego de negarse a reconocer que existen conflictos de interés evidentes entre quienes han liderado el diseño programático del candidato de la centroderecha. Si se comportan de esta forma mientras son oposición, no quiero ni imaginar el enorme costo personal y profesional que pagará todo aquel que se atreva a cruzarse en su camino en caso de que lleguen a ser gobierno.

*Eduardo Engel es profesor de economia de Yale y asesor externo y consejero de Chile Transparente.

4 de Octubre, 2009 Trapos al sol Carlos Peña El Mercurio

El caso de Chile Transparente muestra algunos rasgos de nuestra élite: pretenciosa, endogámica y desprolija.

Veamos.

Desde luego, pretenciosa.

Algunos integrantes del directorio y del consejo de Chile Transparente parecen creer -o hasta antes de este incidente creían- que ese tipo de nombramientos eran galardones o sucedáneos de títulos de nobleza, distinciones morales, reconocimientos honoríficos, adornos. Y no cargos que imponen deberes que hay que cumplir.

¿De qué otra forma se explica que confesaran, sin pudor alguno, que ejercían de directores y de consejeros de una institución cuyo principal, y casi único producto, sin embargo, ni siquiera leían? ¿Qué diríamos de los directores de una sociedad anónima o de una universidad que declararan no conocer los actos fundamentales de la institución que dirigen? Si no están alertas a aquello que compromete a la institución de que forman parte, ¿por qué ostentan entonces el cargo de director?

No se trata propiamente de irresponsabilidad, sino de algo peor. De un profundo malentendido que está muy arraigado en ciertos grupos: confundir los deberes con reconocimientos, los nombramientos con galardones, el protagonismo con aristocracia.

En una palabra, creer que tienen derecho a estar en ciertos lugares por lo que son, y no por lo que hacen.

Mal entonces.

Pero eso no es todo. El incidente muestra también el grado de endogamia y de promiscuidad de nuestra élite.

En vez de haber diferenciación de tareas y funciones (del lado de acá los que son objeto de control, del lado de allá los que controlan), el caso de Chile Transparente muestra que, entre nosotros, todos están mezclados, como si los conflictos de interés no existieran y como si trabajar a ambos lados del mesón (un día como empresario astuto, el otro como custodio de la moral corporativa; un día defendiendo intereses parciales ante un juez, el otro hablando en nombre del interés de todos; hoy de asesor de campaña, mañana de la transparencia) fuera lo más natural del mundo.

Una somera mirada a esta institución muestra -salvo dos o tres excepciones- que en ella están las mismas personas que aparecen en los litigios importantes, detrás de las candidaturas presidenciales, en los medios, los think tanks y los directorios.

Y es que Chile Transparente -no se necesita ser sociólogo para darse cuenta- también cumple tareas como la del Club de Golf o el Club de la Unión. Es una instancia para cultivar eso que Bourdieu llamaba distinción, tejer tupidas redes sociales y acumular capital social y simbólico.

Pero como si la pretensión y la endogamia no bastaran, en este caso nuestra élite además mostró ser desprolija.

El informe de Chile Transparente -si Frei lo hubiera leído, se habría dado cuenta- es de simples conjeturas. Como todos esos informes que tratan de parecer prudentes y equilibrados, la redacción del de Chile Transparente está llena de supuestos y contrafácticos del tipo si esto fuera así las cosas serían asá. Demasiado poco como para sustentar una imputación de envergadura como la que hizo Frei.

Pero Piñera y sus partidarios -incluidos los que hasta ahora disfrutaban del prestigio de Chile Transparente- tampoco han estado mejor. Han negado lo obvio -que Piñera ha tropezado con la ley dos o tres veces como si tal cosa- y han eludido la pregunta del millón: ¿cuál es el estándar de comportamiento para quienes aspiran a dirigir el Estado? Si nos parece reprochable que los diputados hagan trampas con las leyes del tránsito, ¿por qué no ocurre lo mismo cuando un candidato infringe la ley de valores?

Así, entonces, lo que ha aparecido en este incidente -organizaciones que emiten informes que, sin embargo, no avalan; directores que no los leen; candidatos presidenciales que no los entienden, acusando a los que les cuesta defenderse- muestra, sin que nadie se lo propusiera, los defectos de nuestra élite, esa que se encuentra cotidianamente en las misas, oenegés, directorios, litigios, clubes, partidos y candidaturas: desprolija, promiscua y pretenciosa.