Rostros y votos

15 de Noviembre, 2009Rostros y votos Arturo Arriagada* Revista Capital

En cierta medida, la figuración de Karen Doggenweiler ha redefinido la influencia de las figuras televisivas que apoyan a los candidatos. Al combinar su rol de animadora con el de esposa de un candidato, fusiona los códigos de la política y la televisión a un nivel que no tiene precedentes. Al llevar su propio rating a la campaña, Doggenweiler neutraliza el que hasta ahora era un factor que favorecía a las campañas de la Concertación.

No es casualidad que los candidatos vayan detrás del apoyo de figuras televisivas para potenciar sus campañas. Así intentan asociarse con los atributos y cercanía de quienes los respaldan y -de paso- convertir el rating en votos. El apoyo público de una celebridad a un candidato en tiempo de elecciones es lo que se conoce como "endorsement". En diciembre de 2007, la animadora de televisión estadounidense Oprah Winfrey -lo más parecido en popularidad a nuestro Don Francisco- apoyó públicamente a Barack Obama. Es tal el arrastre de Winfrey en ese país -su programa The Oprah Show alcanza los 8 millones de televidentes en cada emisión- que una reciente investigación de la Universidad de Maryland estimó en 1.000.000 de votos el respaldo a Obama durante las primarias demócratas.

A diferencia de Oprah, en esta elección estamos en presencia de la animadora de uno de los programas con más rating de la televisión chilena que -al mismo tiempo- es una potencial primera dama. En su doble rol, Doggenweiler aumenta la presencia de la campaña de ME-O en los medios de comunicación. Si la audiencia cautiva de ella en TVN es de 25 puntos de rating, su performance en espacios tan variados como Tolerancia Cero o Buenos Días a Todos, la potencia y diversifica considerablemente. Sin quererlo, en esta elección la señora de ME-O es como una candidata más. Ya que duplica los esfuerzos de su marido -al participar en el CEP y al salir a terreno por su cuenta-, los otros candidatos están en desventaja en esta dimensión, porque no pueden replicar el factor "Karen". El resto de las potenciales "primera dama" está saliendo de sus casas cuando Karen ha estado diariamente en el living de los hogares de los chilenos. Además, al existir figuras televisivas en política en distintos cargos de elección popular, el efecto de los respaldos de este tipo a los candidatos se ve disminuido.

Pero más allá del potencial rating que Doggenweiler pueda convertir en votos, su participación en esta campaña cambia la forma tradicional de "endorsement" electoral en Chile. Si hasta 2005 los candidatos de la Concertación sacaban desde debajo de la manga el apoyo de las figuras del "mundo de la cultura" -que se materializaba en fotos y apariciones en la franja electoral- la presencia de Doggenweiler desafía la efectividad del endorsement tradicional como recurso político. Al hacerlo más explícito, activo y constante desde los medios a la esfera de la política, Doggenweiler le da una nueva dimensión al respaldo como herramienta de campaña y empieza a sacar del clóset a otras figuras televisivas. Si hace un tiempo Felipe Camiroaga se inclinaba tímidamente hacia la candidatura de Eduardo Frei, bajo el nuevo "endorsement"-aparte de sacarse la foto y estar en la franja- el animador del matinal de Chile tendría que salir a terreno y explicitar pública y mediáticamente su apoyo al candidato de turno.

En ese contexto, el respaldo público a Frei del actor Pancho Reyes -figura insigne de las mil y una batallas concertacionistas- se vio opacado ante la presencia de Karen. La falta de novedad -tanto en el uso del recurso como en el personaje elegido- reducen mucho el impacto de esa acción político-comunicacional. Si bien el candidato de la Concertación llevó a Reyes al centro de Santiago para presentarlo a la prensa y sacarle una frase de apoyo, su impacto se ve disminuido ante la novedad de códigos y mensajes que representa Doggenweiler en su doble rol.

Cuando son varias las figuras del espectáculo que han entrado a competir en la cancha de la política electoral nacional -ya sea como candidatos o como un elemento central de una candidatura- el endorsement tradicional, tipo Pancho Reyes, ya no tiene el mismo efecto político. Con esa jugada, los asesores del candidato de la Concertación dan muestras de estar pegados en los 90 y ajenos a la realidad del Chile actual, esa del reality, del zapping y de las ganas de ser partícipes de un proyecto nuevo y cercano a la gente.

* Agradezco los comentarios y sugerencias de Luis Argandoña.