La nueva protesta chilena

El PostAndres Scherman* Arturo Arriagada*

Las masivas movilizaciones juveniles -principalmente a raíz del conflicto educacional- se han tomado la agenda del país en los últimos meses. Las manifestaciones públicas más numerosas desde el regreso de la democracia han desafiado años de discursos que hablaban de una juventud descomprometida y nihilista. ¿Qué hay detrás de estas demostraciones públicas? ¿Qué factores pueden estar influyendo en este nuevo escenario? Una  respuesta se puede buscar en las diferencias generacionales y los enfrentamientos entre jóvenes y  adultos que  aparecen en la sociedad. La tercera encuesta de Jóvenes y Participación (Escuela de Periodismo UDP y Feedback) permite afinar este análisis y adelantar algunas hipótesis respecto de dónde están emergiendo los principales puntos de conflicto.

La investigación internacional ha mostrado que bajos niveles de autocensura predicen una mayor expresión pública de los ciudadanos, un hallazgo que se está ratificando en Chile. Los niveles de autocensura para participar en el debate público de la población entre 18 y 29 años están muy por debajo de lo que ocurre en el resto de la población. Los jóvenes tienen una mayor disposición al debate y a enfrentar conflictos. Aquellos que se criaron durante la transición de los noventa, parecen no querer ser los herederos de un período marcado por el consenso. La democracia de los acuerdos se está cambiando por la democracia de la deliberación y la expresión. Si un 33% de los adultos piensa que "es más seguro callarse que hacer pública una opinión que la mayoría de la gente no comparte", entre los jóvenes la cifra alcanza sólo a un 16%.

Las causas de esta menor autocensura pueden ser múltiples, como el acceso a mayor información o a medios sociales online donde se pueden expresar, pero hay un punto que parece ser clave: los jóvenes reportan haber construido relaciones con sus figuras de autoridad mucho más horizontales que sus padres y abuelos. La dificultad para expresar desacuerdos en su casa o colegio fue considerablemente menor. Hay un segundo elemento general que puede estar detrás de este cambio de escenario, lo que Ronald Inglehart llamó el tránsito desde los valores materialistas (vinculados con la seguridad física y económica) a los postmaterialistas (relacionados con la participación, la libertad de expresión o la calidad de vida). Un proceso que es característico de las sociedades que están en proceso de modernización siendo los sectores más jóvenes los que practican dichos valores.

De acuerdo a los resultados del estudio los jóvenes le dan más prioridad que los adultos a medidas como "dar a la gente más oportunidades de participar en decisiones políticas importantes", y al revés, valoran menos que el resto de la población las demandas como "mantener el orden público" o "lograr una alta tasa de crecimiento económico". Son esas prioridades las que van de la mano con el aumento de las manifestaciones públicas. Si en 2009 y 2010 los porcentajes de jóvenes que habían salido a manifestarse a la calle en los últimos doce meses llegaron a 15% y 14%, respectivamente, este año saltaron a 32%.

Las actuales movilizaciones se sustentan en procesos de cambios profundos, que se manifiestan tanto en la relación con autoridades y adultos como en la expresión de ideas y demandas por parte de los jóvenes. Aunque todavía no tengan tanta claridad para enfrentar este escenario, la clase política no tiene más alternativa que aprender a tratar con estos nuevos actores. Para hacerlo es necesario que comience a validar espacios de expresión como las redes sociales online y entender las argumentaciones y discusiones que allí se generan. Si bien no surge a raíz de las redes sociales, la nueva protesta chilena encuentra en estas tecnologías –como espacios de expresión y deliberación- un gran aliado.

* Académicos de la Escuela de Periodismo UDP.