La vieja tensión social

Publicado en revista Qué Pasa como "Vieja tensión, nuevo medio" el 5-4-12

Los optimistas del papel de Internet y otras tecnologías en la vida cotidiana argumentan que éstas impulsan una nueva economía y una nueva forma de hacer política. El problema de esta visión es considerar como novedad una tensión conocida entre distintas visiones en torno a las formas de organización social y la distribución del poder en las sociedades modernas.

Tomemos como ejemplo la estrategia de negocios llamada “co-creación”, cuyo objetivo es generar valor en una empresa a través del trabajo conjunto entre consumidores y productores. Acá el papel de las tecnologías es central, ya que ellas operan como plataformas donde los usuarios comunican libremente sus gustos y preferencias que contribuyen al desarrollo y mejora de productos y servicios. En algunos casos se convierten en un negocio en sí mismo que descansa en el contenido que los usuarios generan. Empresas como Facebook, YouTube, Twitter o LinkedIn, avaluadas en millones de dólares y que han generado su valor gracias a la colaboración gratuita de millones de usuarios, son un buen ejemplo. Ya sea al subir videos, fotos, compartir links, opiniones y gustos, los usuarios de estas plataformas generan una plusvalía con actividades e información que luego son vendidas como un commodity para el desarrollo de publicidad personalizada.

La novedad asociada a la colaboración -pero sobre todo al impacto de las tecnologías en la organización de las economías- está en que los consumidores son cada vez más parte de los procesos productivos, generando valor a distintos bienes, servicios, industrias y mercados. ¿Acaso esto permite dar cuenta de una nueva economía? ¿Obtienen los usuarios de Facebook un porcentaje de las utilidades de la compañía como si ésta fuera una cooperativa? Hablar de la novedad de un modelo de negocios exitoso es distinto a la “nueva economía” que este modelo estaría promoviendo. Ahora bien, no podemos ignorar las motivaciones que llevan a los usuarios a subir videos familiares o a expresar sus opiniones. Al apropiarse de estos medios sociales online, los usuarios establecen una relación de afecto con sus perfiles, así como éstos se convierten en un espejo de sus identidades frente a los otros.

Más que una nueva economía, Facebook y la co-creación constituyen un muy buen modelo de negocios. Éste se sustenta en el control del capital –la tecnología- y la obtención de ganancias, a través del monitoreo del contenido que los mismos usuarios generan. En el caso de Wikipedia, Cuevana o Wikileaks, la colaboración por la colaboración es la novedosa, aunque tampoco ha generado una nueva economía ni un nuevo modelo de negocios. Si bien estas iniciativas arriesgan su sustentabilidad y en algunos casos la seguridad de sus creadores, han removido lentamente los cimientos de las formas de acumulación de poder económico. Lo que parece nuevo en Facebook no lo es tanto cuando vemos la reproducción de un orden social donde la lógica del capital y la ganancia sigue siendo igual a la de cualquier otra empresa.

Más que grandes cambios y novedades, estamos frente a la tensión entre apocalípticos e integrados en relación a las actuales formas de organización social, política y económica. Ambos grupos ven en las tecnologías dispositivos de cambio y continuidad del orden social, respectivamente. La novedad no está en las tecnologías en sí, más bien en esa tensión que las tecnologías ayudan a amplificar y que emerge, por ejemplo, cuando los gobiernos quieren regular los derechos de los usuarios en Internet.

Foto: Will Lion