Información pública y de calidad

¿Cómo se llegó a una situacion como la de Contacto? ¿Por qué ejecutivos, periodistas y audiencias se sorprenden con una forma de produccion de noticias que ha sido fomentada y validada por estos mismos actores?

La discusión hasta ahora se ha centrado en dos dimensiones, la política y la periodística. La primera se mueven entre la censura y la lucha de poder, entre quienes intentan poner el tema de la desigualdad y aquellos que aparecen fomentándola, cayendo en la lógica del poderoso versus el débil. En tanto, el análisis periodístico se ha centrado en la forma como se intentó poner el tema de la desigualdad en la discusión pública. Acá las razones se mueven entre el fin y los medios, desde el uso válido o no de las cámaras ocultas y la recreación de situaciones como formas de buscar “la verdad”.

Si bien ambas visiones no son excluyentes, al contrario, se complementan, poco se ha discutido sobre la serie de conexiones que terminan generando la producción de un reportaje de ese tipo, es decir, el proceso y el contexto. Esto no es resultado solamente de una lucha de poder ni del ejercicio –bueno o malo- del periodismo.

Acá surgen dos preguntas ¿qué lleva a un equipo de periodistas prestigioso y respetado como el de Contacto a producir un reportaje de ese tipo? ¿En qué relaciones hay que detenerse para entender la generación de un reportaje como éste y sus consecuencias?

Un reportaje como este no es un caso aislado, es el resultado de acciones que le dan sentido tanto a lo que se entiende como periodismo –el resultado de las definiciones y acciones de quienes dan vida a la profesión, es decir, los periodistas- y cuyo resultado es la información. Son los medios las organizaciones encargadas de generar las condiciones para la producción de esa información y hacerla circular. El fin último de un medio es acaparar la mayor cantidad de audiencia posible y así rentabiilizarla de distintas formas, la más conocida, la venta de publicidad. Este fin ha encontrado en la “espectacularidad” su mejor aliado para generar valor, donde el “delivery” repetitivo es clave (ej: el caso de Mundos Opuestos). La única excepción a esta lógica estaban siendo –en algunos casos- los departamentos de prensa de los canales.

Al momento en que cambian las rutinas e intereses de las audiencias, esta lógica en vez de intentar apostar por la diferenciación en esta industria, se reproduce en sí misma. En un nivel simbólico, es cosa de ver las temáticas de los programas que ofrecen los canales de televisión hoy (“Pobre-rico”, “Famoso-no famoso”, “delincuencia y realidad”) y cómo esas temáticas muchas veces recaen en sus noticieros. Hasta hace poco, los departamentos de prensa estaban excentos de aquella forma de producción lo que les daba la posibilidad de cuestionar –con cierta autoridad- el actuar de los poderosos y así reafirmar tanto al identidad de marca del medio como de la profesión periodística. Ahora bien, cuando baja el rating y aumentan los costos de producción de esos departamentos de prensa, el escenario cambia. Así empieza a justificarse todo con el argumento de que es una cuestión de "mercado" y sus reglas ya conocidas en otras industrias.

Lo que hoy se conoce como la “industria de medios” es sólo el resultado de las prácticas y criterios de las personas involucradas en su construcción, es decir, periodistas, ejecutivos, audiencias, avisadores, empresas de estudios, etc. Es cosa de leer las entrevistas de cualquier ejecutivo y periodista de un canal de televisión para entender esa “cadena de valor”.

¿Es muy osado comparar la crisis de la educación -y la discusión en torno al lucro- con la de cualquier canal de televisión, TVN incluido? A veces no lo es tanto, ya que podríamos pensar que las dinámicas actuales de producción de contenidos televisivos -cuyo fin es acaparar la mayor cantidad de audiencia- tiene "externalidades" como el programa Contacto. Al ser los medios negocios y actores políticos que se mueven en el ámbito de lo público, es hora de que todos quienes conforman la "industria de medios" mejoren el nivel de la calidad del producto que entregan, por lo menos, apostando a la diferenciación de la oferta de contenidos.

En simple, el reportaje de Contacto puede que haya sido malo, forzado, pero no es más que el resultado de una serie de prácticas de diversos actores que deriva en lo que conocemos por "industria de medios". El caso Contacto refleja la tensión en la que se encuentra esa industria -aunque suene paradójico, una tensión entre medios y fines- aplacada por el slogan que todos los ejecutivos televisivos han defendido, el mismo con el que periodistas tienen que lidiar diariamente: "dar lo que la gente quiere". Para que esto cambie, todos los actores de la industria -algunos hace un rato lo vienen diciendo- pueden partir por intentar mejorar el estándar en relación al papel público que juegan y no echarle la culpa a las "reglas del mercado" o la "lógica de la industria" que ellos mismos han validado.