Paternalismo tecnológico

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(Publicado en Revista Qué Pasa el 20 de Julio, 2012)*

Hablar del papel que juega internet en la vida cotidiana de las personas acarrea un montón de supuestos. Desde el ingreso a una nueva economía y al conocimiento, hasta garantizar la entrada a la globalización. El caso del concurso Applícate -convocado por Un Techo para Chile (UTPCh) y Movistar- que invita a universitarios a diseñar proyectos innovadores, además de un proyecto de estudiantes de la Universidad Finis Terrae (UFT) inspirado en esta iniciativa, son buenos ejemplos para repensar algunas de las consecuencias de estos supuestos.

Los estudiantes de la UFT diseñaron una aplicación para smartphones que permite a quienes viven en campamentos hacer trueques de bienes y servicios. La temperatura subió en el invernadero de las redes sociales señalando la falta de criterio del proyecto, “cómo la gente de campamentos va a tener smartphones”. UTPCh salió a defenderlo argumentando que la gente de escasos recursos gasta hasta $25.000 mensuales en conexión a internet. Y que las críticas sólo reflejan la discriminación de quienes consideran que internet es un asunto de ricos.

Si bien ambas iniciativas son valorables y necesarias para disminuir la brecha digital, hay que tener cuidado con presentar así las cosas, pero sobre todo con las promesas que las acompañan. ¿Es internet una herramienta que garantiza el conocimiento y el acceso a una nueva economía? Aparte de ser grandes promesas, otorgarle ese poder sólo a la tecnología -y no a la relación entre las personas y las tecnologías- es caer en un determinismo tecnológico.

En el libro The Internet (2000), el antropólogo Daniel Miller y el sociólogo Don Slater derribaron algunos supuestos de ese determinismo. Su conclusión fue que internet no puede entenderse como algo externo al individuo, que impone ciertas conductas; al contrario, personas y tecnologías se constituyen mutuamente en sus contextos cotidianos. Esto significa que la gente que vive en campamentos -y que usa la red- se realiza a través de las tecnologías y no al revés.

Los proyectos descritos replican los grandes relatos respecto a la relación “personas-tecnologías”. ¿Por qué se intenta imponer que los pobres tienen que usar internet para hacer trueques en vez de comentar una teleserie por Twitter? También se discrimina cuando se define previamente que el uso de internet es para esto y no para esto otro. Quizás un proyecto de este tipo -al igual que otros orientados a disminuir la brecha digital- puede partir desde abajo hacia arriba: ver qué entiende la gente por internet, cuáles son las expectativas asociadas al uso, los contextos y relaciones con otras tecnologías como un celular, la televisión y la radio. Eso implica observar cómo individuos y tecnologías construyen su identidad mutuamente. Sin asumir a priori que acceder a un plan de internet más barato garantiza el éxito, independiente de que esas personas tengan plata o no.

*(Esta es una versión corregida del texto publicado originalmente, que decía, erróneamente, que el proyecto universitario que se menciona participó en el concurso Applícate, cuando sólo se inspiró en él). Además agregué frases que quedaron fuera de la versión original en relación a la importancia de este tipo de proyectos.