Los medios y sus opciones políticas: ¿hora de salir del clóset?

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6 de Noviembre, 2012Los medios y sus opciones políticas: ¿hora de salir del clóset? Arturo Arriagada El Mostrador

La reciente campaña presidencial en EE.UU. ha dejado en evidencia una gran diferencia entre la cultura política de ese país y la chilena. La capacidad de la prensa estadounidense de explicitar sus preferencias políticas en tiempos de elecciones (endorsement), refleja el valor de la deliberación y la transparencia en los procesos electorales. Mientras al menos parte de la prensa escrita en Chile no se anime a salir del clóset en tiempos de elecciones, seguirá alimentando las teorías conspirativas de sus detractores y la desconfianza de sus audiencias.

De los 100 diarios con mayor circulación en EE.UU., 41 han respaldado públicamente a Barack Obama y 34 a Mitt Romney[1]. De los diez primeros, cinco han manifestado públicamente su apoyo a la candidatura de Obama —entre ellos el New York Times— y dos a favor de Romney. Tres diarios prefirieron abstenerse, The Wall Street Journal y el USA Today —los dos con mayor circulación en el país— y el Chicago Sun Times, que si bien apoyó a Obama en 2008, esta vez no respaldó ninguna de las dos candidaturas. Reconocidas revistas como The Economist y The New Yorker, también se alinearon detrás del candidato demócrata. Esto no sólo ocurre en EE.UU., en Reino Unido es común ver a los diarios más importantes —The Guardian y The Independent, por ejemplo— manifestar públicamente sus preferencias electorales.

Es posible atribuirle a la cultura política estadounidense el hecho que la prensa explicite sus respaldos políticos. Una cultura donde el debate y la argumentación adquieren un papel central en periodos electorales, lo que también se traduce en verdaderos intercambios de ideas y posiciones entre los candidatos, especialmente en los debates por televisión. Respaldar públicamente a un candidato es un ejercicio argumentativo por parte del medio, que se hace cargo del rol público que ese medio tiene, más allá del interés específico por satisfacer a sus audiencias. Por ejemplo, The New Yorker apoyó a Obama aduciendo que su reelección “es un asunto urgente. No sólo porque estamos de acuerdo con la orientación de sus políticas, sino que también vemos en él lo que está ausente en Mitt Romney: un gran temperamento político y un profundo sentido de justicia e integridad”. Para el medio, “un segundo periodo de Obama dejará una marca positiva y duradera en la vida política”[2]. Al apoyar públicamente a un candidato, los medios valoran su independencia como actores políticos, así como también consideran relevante ser independientes frente a sus audiencias a la hora de informar. Respaldar una candidatura se convierte en una prueba para el medio durante la campaña y el futuro gobierno. No significa convertirse en fan de ese candidato, todo lo contrario, es una oportunidad para proveer de información a los electores sobre sus programas y proyectos de manera crítica e independiente. Reflejando las fortalezas y debilidades de esas propuestas.

Conocido es el respeto que la prensa local tiene por medios como The Economist, The Guardian o el New York Times. Esto se traduce en citas y referencias a sus artículos, pero no necesariamente en seguir sus prácticas protransparencia. ¿A quién apoyará La Tercera, El Mercurio o El Mostrador en las próximas elecciones presidenciales? Las teorías conspirativas sostienen los argumentos de quienes tienen posiciones políticas más extremas, así como de quienes esperan de la prensa información neutra y objetiva, un ideal más bien imposible cuando los medios son actores políticos que filtran los acontecimientos en función de sus intereses ideológicos y económicos. Para aquellos que se consideran de centro-izquierda, en los últimos 40 años la prensa chilena siempre ha estado a favor de posiciones políticas de derecha. Esta visión se sustenta en el desempeño de diarios como El Mercurio y La Segunda durante la dictadura y en el hecho que grupos económicos sean propietarios de conglomerados de medios (Copesa). Para aquellos con posiciones de centro-derecha, la prensa escrita la integran actores inclinados hacia posiciones políticas de centro-izquierda. La existencia del diario La Nación —proclive a actuar a favor del gobierno de turno, especialmente los de la Concertación— era su mejor argumento. Ahora bien, más allá de estas teorías, también es posible atribuirle a los medios una falta de transparencia que fomenta la desconfianza en su labor informativa. Por ejemplo, al omitir los conflictos de interés de sus dueños o al difundir encuestas poco rigurosas, más interesadas en promover el entusiasmo por ciertos candidatos que a operar como instrumentos de medición de la intención de voto de los chilenos.

¿Por qué la prensa chilena está en condiciones de hacerlo?

Los chilenos asocian a los medios en general —y a la prensa escrita en particular— con posiciones más cercanas al centro y a la derecha del espectro político. También asocian su desempeño con la defensa de intereses particulares que no siempre son los de sus audiencias. Por ejemplo, en una encuesta nacional realizada en 2010[3], un 20 % de los encuestados consideró que los diarios eran independientes de los partidos políticos a la hora de informar y un 25 % calificó su labor como independiente de los grupos empresariales. Si bien un 58 % señaló que la prensa escrita presenta puntos de vista diversos —detrás de la radio, la televisión por cable y la televisión abierta, respectivamente— estas evaluaciones dan cuenta de cierta confusión. Si bien los dueños de los diarios en Chile son grupos empresariales y no partidos políticos, estos datos muestran la percepción de que es muy delgada la línea entre los negocios y la política, siendo los medios actores más cercanos a los intereses de esos grupos.

Uno de los cambios en la cultura política que evidenció el movimiento estudiantil —especialmente en la generación nacida post 1990— fue el valor que adquiere la deliberación en torno a las diferencias políticas. En 2012, un 33 % de los adultos piensa que “es más seguro callarse que hacer pública una opinión que la mayoría de la gente no comparte”, en tanto esa cifra alcanza el 16 % entre los jóvenes de 18 a 29 años[4]. Que los diarios expliciten públicamente su apoyo a un candidato puede contribuir a mejorar los niveles de credibilidad e independencia de la prensa a la hora de cubrir el desempeño de los gobernantes y otros actores políticos. También puede mejorar la sintonía con los intereses de audiencias cada vez más abiertas a la diferencia y la deliberación. ¿Cómo esperar objetividad en un contexto de sobredosis de oferta informativa, fruto de un desarrollo tecnológico que permite el almacenamiento y distribución de información de una forma nunca antes vista? Ante la pregunta si los diarios deberían hacer públicas sus preferencias políticas en tiempos de elecciones, un 55 % de los chilenos se mostró a favor en 2010[5].

Hasta ahora una de las grandes críticas de las audiencias hacia los medios en general –y a la prensa escrita en particular- tiene que ver con su falta de independencia. Al omitir sus preferencias políticas en tiempos de elecciones, los medios sólo alimentan teorías conspirativas que van en contra de una cultura política cada vez más lejos de la transición. También pierden una oportunidad de contribuir a la calidad del debate público desde sus respectivas trincheras.

[1] Datos disponibles al 5 de Noviembre de 2012 en: http://www.presidency.ucsb.edu/data/2012_newspaper_endorsements.php

[2] “The Choice”. The New Yorker, October 29th, 2012. Disponible en: http://www.newyorker.com/talk/comment/2012/10/29/121029taco_talk_editors

[3] Primer Estudio de Lectoría de Medios Escritos 2010, Periodismo UDP-Feedback. Disponible en: www.cip.udp.cl

[4] IV Encuesta Jóvenes y Participación”, Periodismo UDP-Feedback. Disponible en: www.cip.udp.cl

[5] Primer Estudio de Lectoría de Medios Escritos 2010, Periodismo UDP-Feedback. Disponible en: www.cip.udp.cl