Compartir para existir

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5 de Febrero, 2016
Compartir para existir
Arturo Arriagada
Revista Qué Pasa

¿Por qué compartimos contenidos en las redes sociales? ¿Qué esperamos cuando subimos una foto a Facebook? Estas fueron las preguntas que nos hicimos un grupo de investigadores como parte del proyecto de investigación “Comparto, luego existo” (www.compartoluegoexisto.tumblr.com) hace más de un año. Para contestarlas, seguimos y entrevistamos durante nueve meses a 25 jóvenes entre 18 y 29 años en Santiago. Llegamos a la conclusión de que las redes sociales —y Facebook en particular— son espacios donde compartimos lo que somos con distintos fines: para existir, recordar y socializar con otros. La sorpresa fue el rol que tienen los “me gusta” para medir el impacto de nuestra socialización.

Andrea es una estudiante universitaria de 22 años, vive en la comuna de Puente Alto. Cuando le preguntamos qué papel tiene Facebook en su vida, nos contestó lo siguiente: “Facebook es como una línea de tiempo donde se construye una biografía que no puedes guardar en ninguna parte”. Si bien Facebook es un mapa donde Andrea registra sus contactos, parte de su biografía, sentimientos y buenos momentos, nos llamó la atención cuando dijo “mientras más ‘me gusta’ uno obtiene con las cosas que comparte, más validada estoy frente al resto”.

Diversos estudios a nivel internacional dan cuenta de lo relevante que es Facebook como plataforma para reproducir y reforzar nuestras relaciones sociales. De esta manera, compartir contenidos e información en Facebook es una manera de socializar con otros. Lo interesante de la respuesta de Andrea es la centralidad que adquiere la retroalimentación en torno a lo que compartimos. Es lógico, cuando hablamos con alguien lo hacemos asumiendo que nos escucha, y si no lo hace, buscamos la manera de obtener su atención. Algunos de los entrevistados nos contaban que han bajado fotos o estados de ánimo cuando no obtienen “me gusta”.

Si Facebook es una plataforma para socializar, el “me gusta” opera como un indicador de nuestras habilidades para lograrlo, algo así como nuestro propio “rating” online. ¿Cuántos te siguen? ¿Cuántos amigos tienes? ¿Cuántos “me gusta” te pusieron? Detrás de este rating hay una pequeña industria configurada por empresas y tecnologías orientadas a medir nuestra performance online y asignarle valores. Un “me gusta” en la página de una marca tiene un precio. Otro “me gusta” en la página del famosillo de turno que habla con sus seguidores tiene otro precio.

En el caso de Andrea, la ganancia de obtener un “me gusta” es sentirse reconocida y validada por otros. El precio no es plata, es reconocimiento social, es existir para los otros. Ahora bien, para conseguirlo muchas veces está dispuesta a compartirlo todo, desde los momentos íntimos, los felices, los tristes, y aquellos en los que quiere sentirse acompañada desde la soledad de su pantalla, esperando esa retribución. Quizás ésa es la verdadera red social: que los otros vean a Andrea y sepan que existe.