Términos y condiciones

6 de Noviembre, 2018

Términos y condiciones

Revista Qué Pasa

Arturo Arriagada

“¿Qué cambió con las plataformas digitales?” Siempre que hago esta pregunta en la primera clase de mi curso en la universidad, mis alumnos contestan lo mismo, “todo”. Después de algunos minutos vuelvo a preguntar y el asunto se pone más interesante. “Somos más poderosos”, me dice un entusiasmado estudiante. Si bien las plataformas digitales como Facebook, Instagram, Twitter, Linkedin y YouTube garantizaban el empoderamiento de sus usuarios, los términos y condiciones de estas plataformas en la gestión de la información convirtieron la promesa en una ilusión.

Más libertad de expresión, más información para tomar mejores decisiones como ciudadanos y consumidores, además de convertirnos en nuestro propio medio de comunicación, creando y distribuyendo contenidos para nuestras audiencias. El futuro luminoso que ofrecía la comunicación digital, también trajo algunas sombras. Desde las noticias falsas, la desinformación y su impacto en los procesos de deliberación democrática, pasando por las transformaciones en la industria de las audiencias (pensemos en la redefinición del modelo de negocios de los medios masivos), hasta las consecuencias individuales asociadas al “multitasking” en la gestión de nuestras comunicaciones.

Uno de los aspectos que más me ha llamado la atención en el último tiempo es la sensación de poder y control que creemos tener sobre los contenidos que creamos y consumimos en estas plataformas. Si bien las posibilidades de expresar nuestras opiniones y acceder a múltiples fuentes de información nos hace sentir un poco más poderosos —especialmente para monitorear el desempeño de nuestros gobernantes— ése poder se ve afectado cuando no entendemos el papel que juegan los algoritmos en la selección y “oferta” de esos contenidos.

En un estudio realizado en la escuela de Comunicaciones y Periodismo de la UAI a usuarios de Facebook en Santiago (entre 18 y 29 años), encontramos que estas personas consideran que al “estar” en Facebook se enfrentan a un espacio aparentemente “neutral” y “orgánico”. Es interesante esta percepción, cuando detrás de la información que aparece en nuestro timeline en Facebook es el resultado de nuestras preferencias, además de la programación de algoritmos que se activan y ponderan la oferta de contenidos en función de esas preferencias. Si bien los usuarios consideran que sus contenidos responden a una acción “estratégica” de comunicación —desde marcar presencia frente a sus seguidores, pasando por atesorar momentos valiosos, hasta hablar con uno mismo al compartir contenidos en la plataforma— nunca le atribuyen a la plataforma la capacidad de decidir a quién y cuándo le muestra esos contenidos.

Uno de los aspectos más relevantes en relación al uso de plataformas digitales es la sensación de empoderamiento y control sobre nuestras comunicaciones. Max Weber definía el poder como la posibilidad de imponer la propia voluntad en una relación social, más allá de la resistencia que la enfrente. Cuando los términos y condiciones de Facebook afectan no solo a los usuarios en su relación cotidiana con la plataforma, sino también a la oferta de flujos de información, no deja de ser paradójico que nos creamos más poderosos de lo que realmente somos. Espero que al final del semestre mi alumno combine el entusiasmo propio del inicio de clases con una mirada consciente del poder que hoy tienen plataformas como Facebook en nuestras comunicaciones cotidianas.